IV Domingo de Cuaresma

En este Evangelio se nos invita a contemplar y dar Gracias a Dios por un aspecto de su Gracia y Misericordia que quizá no valoremos: Jesús, en la Cruz, se quedó con la maldición debida a nuestros pecados, para que fuéramos salvos.“…así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga Vida Eterna”. La Cruz nos lleva a la Fe en Él, y de la Fe en Él, se nos lleva a la Vida Eterna, a la Salvación. El pecado quedó borrado en la Cruz, y debemos contemplarle con Amor, Compasión y Agradecimiento.

Los israelitas, al mirar la serpiente de broce, quedaban curados, ya que el castigo-maldición debido a sus pecados y a su cerrazón quedaba suspendido, a la vista de todos, y, así podía generar arrepentimiento, y de dicho arrepentimiento brotaba la Salvación-Sanación.

Jesús es dado al mundo “para salvarlo”. De nosotros depende acoger dicha Salvación, dejarnos iluminar por Él, Luz del Mundo. Si nos abrimos, seremos salvos. Si nos cerramos, seremos condenados. No tendremos la Luz de la Fe y tampoco podremos adherirnos a Jesús.

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