III Domingo de Cuaresma

Cuaresma. Un año más os invito a tomar en serio el significado que tiene o debe tener para todos esta palabra Cuaresma. Miércoles de ceniza. Fomentemos la conversión de corazón muy especialmente durante este tiempo procuremos hermanos en Cristo empezar haciendo cada día Obras de penitencia, frecuente confesión, limosna y mortificación…La Cuaresma, es un tiempo que nos invita a acercarnos al Señor más.

Cuaresma, tiempo de renovación interior que nos invita a todos a que nos preparemos para luego celebrar la alegría inmensa, la Pascua del Señor. La Santa Iglesia nos invita sin cesar a nuestra alma purificar y a recomenzar de nuevo.

El Señor todopoderoso nos dice: Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con luto, con llanto, rasgando vuestros corazones, no las vestiduras, convertíos a Dios, al Señor nuestro, porque es compasivo y muy misericordioso. Y, en el momento de la imposición dela ceniza sobre nuestras cabezas, nos recuerda el sacerdote las palabras del Génesis, después del pecado original.  “Acuérdate, hombre que eres polvo y en polvo te has de convertir”. Acuérdate…  Y muchas veces sin embargo olvidamos que sin el Señor no somos. De la grandeza del hombre no queda sin Dios, más que este montoncito de polvo en un plato a un extremo del altar. Miércoles de Ceniza. La Santa Madre Iglesia si ponemos atención nos daremos cuenta como con esta imposición de la ceniza en nuestra frente es nuestra substancia propia.

El Señor quiere que nos volvamos a Él y que nos despeguemos de las cosa de este mundo, de las cosas de la Tierra para que volvamos a Él y por consiguiente que dejemos el pecado que tanto mata el alma y la envejece y retornemos a la Fuente de la Vida y de la alegría, que es Dios.  En este tiempo hermanos os invito a que recordéis todos los días aunque sea brevemente, que Jesucristo es nada más y nada menos quién a nosotros se presenta en esa sencillez y humildad admirable del Evangelio.

Volver, volvamos el corazón a Dios, pues convertirnos significa algo muy bello y hermoso. Estar dispuestos a todos los medios que en nuestro alcance tenemos realizarlos.  Él quiere, anhela y desea, que seamos, primero sinceros con nosotros mismos, no pretender servir a dos señores, amemos pues hermanos con toda el alma y alejemos de nuestra vida cualquier pecado deliberado.

Jesús en nosotros busca contrito corazón, conocedor por tanto de nuestras faltas y pecados y dispuesto a eliminarlos. Recordemos nuestros malos caminos de los días que buenos no fueron.

Para fomentar hermanos nuestra contrición la Santa Madre Iglesia nos presenta el salmo en que el Rey David expresó su sincero arrepentimiento y con el que tantos santos han pedido y suplicado al Señor.

A nosotros también nos ayuda en estos momentos de oración: Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu compasión inmensa borra mi culpa, le decimos a Jesús. Mi delito lava, mi pecado limpia, pues yo siempre lo tengo presente, contra ti, contra tí solo pequé. Crea oh Dios en mi un puro corazón, renuévame por dentro con firme espíritu, no me arrojes de tu rostro lejos, tu Espíritu Santo no me lo quites, devuélveme la alegría de tu salvación, con tu Espíritu generoso Señor, me abrirás los labios y proclamará tu alabanza mi boca.

El Señor no dudéis nos atenderá siempre, si en el día de hoy le repetimos con sincero corazón y arrepentimiento a modo de jaculatoria: Oh Dios mío, crea en mí pues un corazón puro, renuévame con espíritu firme. Y así el día de Pascua de Resurrección será para nosotros nuestro verdadero regalo del Señor, el arrepentimiento nuestro y su perdón.

Paz y bien.

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