4º Domingo de Cuaresma

La Iglesia, en el Evangelio de hoy, nos propone el pasaje del Ciego de Nacimiento.

ciego

Lo primero que me llama la atención de este pasaje es que la ceguera de este hombre no es causada por ningún pecado. Juan va más allá y alude directamente a la ceguera espiritual, que paraliza al hombre entero. Era ciego “de nacimiento”. Es decir, si para Juan el nacimiento verdadero es nacer del agua y del Espíritu (Jn 3, 5), este hombre necesita ambas cosas, que sólo Jesús le puede dar.

Él no pide nada, es el Señor quien toma la iniciativa. Para ello, se Revela como “Luz del Mundo”. El nacimiento de este hombre, en la oscuridad de la Ley y del Pecado Original (no del actual) es figura de todo hombre que nacía en el Pueblo de una Alianza ya marchita (no por si misma, sino por el hombre, que la malversó) ciego, sin poder ver la auténtica Verdad, el auténtico corazón de la Ley: la Fe en Jesús y la Adoración a Él, que es donde culmina el pasaje.

Jesús lleva a cabo una nueva Creación del hombre: polvo (del que fuimos tomados – Gn 3, 17), saliva (el aliento de Yahveh, su Espíritu) y unta los ojos del ciego, al que manda lavarse en Siloé (“enviado”, es decir, Jesús mismo). Y el ciego ve, por primera vez.

No es menos importante ver que esta curación le lleva a dar Testimonio, primero ante el pueblo, luego ante los fariseos y luego ante su propia familia. El Signo obrado en Él le lleva a una primera Profesión de Fe: “es un profeta”. Va vislumbrando ya quién es Jesús. La segunda profesión es esta: “si uno honra a Dios y cumple su voluntad, a éste escucha” … “si este no viniera de Dios, no pudiera hacer nada”. Finalmente, se encuentra con Jesús: “¿Crees en el Hijo de Dios?”  – “Le has visto, y el que habla contigo, Él es” – “Creo, Señor”. Y le adoró.

Es un pasaje profundo, y daría para mucho meditar y comentar. Pero es más importante que nos dejemos llevar por la Luz que Jesús viene a darnos con su Palabra y, como aquí resalta Juan, con sus Obras, sus Signos. Precisamos la humildad de este ciego para reconocer que necesitamos que Jesús nos llene de su Espíritu hasta el fondo de nuestro ser. Necesitamos que en esta Cuaresma Jesús nos renueve completamente, desde dentro. Para ello qué mejor que exponernos a la Luz de la Eucaristía: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… Dichosos los invitados…”.

images (8)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>