Solemnidad de la Inmaculada

Pace Bene.

La_Inmaculada

Poco podría decir, a estas alturas, acerca del Misterio de la Inmaculada, proclamado como Dogma por Pío IX en 1854. Teólogos, Místicos, Santos, Papas… han hablado del mismo y lo han reflexionado ampliamente.

Sin embargo, sí me gustaría partir de Duns Scoto, cuando explica que María fue prevenida del Pecado Original, ya que si Cristo podía sanar el Pecado Perdonándolo, también debía poder prevenirlo. Y por ello resguardó a María del Pecado de Adán.

Eva cayó en la tentación que le presentó la serpiente. El árbol era “bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría”. Y comió. Lo consideró bueno (en contra de la advertencia de Dios), le apeteció (su corazón ya estaba manchado) y se lo apropió para sí, creyendo saber más que Dios. Itinerario de toda tentación. Sin embargo, María, como nos cuenta la Venerable Mª Jesús de Ágreda, sufrió innumerables tentaciones, cuya materia fueron los 7 pecados capitales, por parte de los demonios. Y en ninguna cedió, a todas respondió de forma ejemplar, anteponiendo su Amor al Padre a toda insinuación. Nada quiso Ella que no fuera la Voluntad de Dios.

La Gracia que nos viene por María es la de haberse hecho Esclava del Señor, sometiéndose de corazón a su Voluntad, amando su Voluntad, y dejando que se hiciera carne en su seno. De ahí nació Cristo, y fuimos redimidos.

Debemos alegrarnos por este día, porque María, criatura excelsa, dió a Luz nuestra Redención. Y también debemos alegrarnos porque la Iglesia, tal día como hoy de hace 159 años, proclamó como Verdad irrefutable de Fe tal prerrogativa de la Virgen.

Contemplemos a la Madre Inmaculada, gocemos contemplando su Pureza, su Amor, su Humildad.

Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien.
Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya.
Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya y todas vosotras, santas virtudes, que sois infundidas por la gracia e iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los fieles, para que de infieles hagáis fieles a Dios.

(S. Fco. de Asís).

Pace Bene.

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