2º Domingo de Adviento

Paz y Bien. En el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En la primera lectura de éste segundo domingo de Adviento (Is 11,1-10), Isaías nos habla de la promesa de Dios para recuperar a la creación entera de la caída del Paraíso, porque cuando el hombre pecó arrastró consigo al desorden a toda la creación.

El Mesías anunciado vendrá para instaurar el Reino de Dios y recuperar para el Padre al hombre caído por el pecado y a toda la creación con él. Restablecerá la paz entre los hombres y entre los hombres y los animales, ya no matarán para alimentarse, todos comerán de las hierbas y los árboles como al principio de la creación.

En S. Francisco tenemos un ejemplo de como se puede vivir ya esta promesa de Dios por la fe en Jesús, porque el que vive como hijo de Dios vive ya de ese Reino que ya está entre nosotros por Jesucristo, pero que a la vez, está por venir. Francisco había recuperado la justicia e inocencia originales del primer hombre, había alcanzado la plenitud del Espíritu de Dios en su vida, es por esto que vivía en tal armonía con la naturaleza que ésta le obedecía, también era un sembrador de paz entre los hombres y un faro luciente que atraía a muchos hacia Dios. Se cumplía en él, porque en él habitaba Cristo, estas palabras del profeta.

En la segunda lectura (Rom 15,4-9), Pablo nos recuerda que la Escritura refleja todas las promesas de Dios y muchas de ellas ya cumplidas, para que tengamos paciencia en las dificultades y esperanza en que Dios es fiel. Mientras tanto debemos vivir como nos enseñó y dejó dicho nuestro Señor, para glorificar al Padre y para hacer vida en nosotros estas promesas.

En el Evangelio (Mt 3,1-12), Juan Bautista, el último profeta, proclama que ha llegado el tiempo del cumplimiento de las promesas de Dios. Es necesario convertirse, dar un cambio de dirección en muestras vidas hacia la Fuente de dónde todo procede. Es el tiempo de dar frutos que muestren esta conversión. Se acaba el tiempo de la misericordia para dar paso al tiempo de la justicia, vendrá Dios a juzgar y separará a los que hayan vivido en penitencia de los que no, a los primeros los llamará a su Reino eterno y a los segundos a la condenación eterna.

Pero sucede que por desgracia, al alargarse “tanto” este tiempo de la misericordia, muchos hombres, en lugar de ver como dice S. Pedro que “la paciencia de Dios es nuestra salvación” y que Éste alarga el tiempo esperando la conversión, muchos ya no creen en que vaya a llegar éste día de justicia, día de Yahveh, ya no creen en las promesas de Dios, ya no creen en Dios ni en Jesús su enviado y se dedican a vivir como si todo acabara con esta vida, viviendo con todo desenfreno al margen de Dios. Pero el Día llegará, Jesús vendrá en Gloria y Majestad a juzgar a vivos y muertos y su Reino no tendrá fin, (como decimos en el Credo) y a todos los que no vivan en penitencia, les cogerá por sorpresa y ya no habrá tiempo.
Estamos en los últimos avisos, la Virgen María nos lo avisa en todas las apariciones, reconocidas o no.

Vivamos como hijos de Dios en continua penitencia y conversión para que podamos gozar de una eternidad junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, con la Virgen María, S. Francisco y todos los santos.

En Alabanza de Cristo. Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>