Francisco de Asís: Signo para el Mundo de hoy.

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Pace Bene. ¡Feliz día de San Francisco! Hoy celebramos, recordamos y veneramos la Memoria de Nuestro Seráfico Padre. Sin embargo, el recordarlo tiene que servirnos para profundizar en su Vida, en lo que hizo y dijo, y extraer de la misma todo lo que precisamos para crecer en Santidad, siguiendo el Evangelio a ejemplo suyo.

Y es que Francisco significa muchas cosas para el mundo de hoy, tan necesitado del frescor evangélico que él encarnó. Francisco fue y sigue siendo transparencia del Reino (porque es el alter Christus, más aún, el ipse Christus) y del Evangelio. Y, por tanto, como consecuencia, puso por obra lo que dice Mc 16, 20:

ellos salieron y predicaron por todas partes, colaborando el Señor con ellos, y confirmando la palabra por medio de las señales que la seguían

 

La Santidad de vida de Francisco se transparentaba a los demás, atraía, era signo atrayente y también eficaz. La gente acudía a él pidiendo consejo, luz, intercesión, sanaciones, curaciones, liberaciones… En verdad su vida era la misma que la de Cristo, pues en eso consiste la santidad.

Y es aquí precisamente donde vemos, cuando celebramos su Memoria, que Francisco es para el hombre de hoy una referencia, un intercesor y un Mensajero tan válido como necesario: nos enseña a ser un Signo, pero a la vez lo sigue siendo para nosotros.

En esta sociedad tan convulsa, en estos tiempos en que el maligno está tan operante, en estos momentos de la Historia en que somos testigos de tantas enfermedades y miserias, y en la que la carencia de valores e inquietud religiosa paraliza el verdadero desarrollo humano… Francisco es el intercesor, la Luz necesaria para acercarnos a Cristo. En efecto, en su fragilidad, en su enfermedad, en su pequeñez… fue el más grande. Y fue así porque entendió que el Evangelio no sólo está escrito, sino que porque está escrito, porque es Palabra, está Vivo, Jesús está Vivo, y su Evangelio se debe hacer Vida en cada uno de nosotros. Sencillamente, vivió el Evangelio.

Y es por eso que fue para su tiempo una luz, una guía, una nueva vía de acceso a Jesús, y a los Misterios de la Iglesia, que a veces aparecía demasiado humana. Nos mostró que la Iglesia es Pueblo, es Cuerpo Místico y es siempre signo de Cristo, no precisamente gracias a los que la formamos, sino en virtud del Espíritu Santo, de la Gracia, de los Sacramentos y de los Carismas, digna de ser Amada y a la que es preciso obedecer, porque obedeciendo a la Iglesia se obedece a Dios.

Pasó enseñando, curando enfermos, liberando endemoniados, intercediendo por los que estaban tentados… siendo testimonio, ejemplo. Es lo que nosotros necesitamos: ver y entender este ejemplo, para a la vez serlo nosotros. Francisco es siempre un soplo fresco del Espíritu, que nos enseña que contentándonos con poco, y buscando sencillamente el Evangelio, cumpliremos de verdad la Voluntad del Padre. Será un camino difícil, sembrado de espinas y de Cruz, pero será el camino que nos lleve a Jesús, “pobre y Crucificado”.

Que el ejemplo de Francisco nos ayude a entender que podemos y debemos ser signos del Evangelio, que fue escrito no para unos pocos, sino para todos, y que lo que se nos promete lo podemos y debemos hacer realidad: ser humildes, austeros, sencillos, mansos… en definitiva ser santos y de ahí vendrá el predicar, sanar, liberar… como signos que nos acompañarán y nos harán verdaderos Testigos para el mundo y el hombre de hoy.

Pace Bene.

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