San Pío de Pietrelcina

23 de Septiembre de 1968 – A las 2:30 el Padre Pío, recibido el sacramento de la unción de los enfermos, muere serenamente con la corona del santo Rosario en la mano, y con las palabras “¡Jesús!… ¡María!…” en los labios.

A las 2:30 de la madrugada de un día como hoy, hace 45 años,  el Padre Pío, hijo fidelísimo de su padre espiritual, San Francisco de Asís,  sube al cielo y se presenta ante aquél que ha sido el Amor de su vida, ante aquél por el que ha suspirado y ofrecido hasta el último aliento.

Mucho se ha hablado y se ha escrito sobre la vida del P. Pío. Tenemos muchos testimonios de todo aquellos que le conocieron, que convivieron con él, de sus hijos espirituales. Escritos, cartas, sucesos extraordinarios, curaciones, conversiones, etc.

Es un santo actual y cercano por muchos motivos. Pero para mí el mayor de todos y por el que el sigue siendo tan y tan cercano hoy en día, después de 45 años de su muerte, es porque el Señor le concedió el último deseo que él le pidió, pues era tanto su amor a Dios y a los hombres que quiso seguir ofreciéndose como víctima no tan sólo durante su vida sino también después de su muerte.

El P. Pío dijo: “Si me fuera posible, querría obtener del Señor tan sólo una cosa; si me dijese.’Ven al Paraíso’, pediría yo esta gracia: ‘Señor, no me permitas ir al Paraíso hasta que el último de mis hijos, la última de las personas confiadas a mi cuidado sacerdotal no entre antes que yo”.

Y esa es su labor ahora, seguir velando, guiando, intercediendo por cada una de las personas que le aman y se confían a él.

El P. Pío decía a sus hijos espirituales que, cuando no estuvieran cerca de S. Giovanni Rotondo y le necesitaran, le mandaran al Ángel dela Guarda con el recado que quisieran darle. Gracias a que P. Pío no ha querido dejar de interceder por nosotros, tenemos la gran suerte de poder hacer lo mismo que hacían sus hijos espirituales,  y mandar a nuestro Ángel custodio para que le presente todas nuestras necesidades.

Una cosa sí es cierta, que si en vida era celoso de las almas y de ellas exigía recta intención y deseos de enmienda y de llevar una vida cristiana, ahora sigue exigiendo lo mismo. Acude ante la llamada o la necesidad de cada uno de los que nos encomendamos a su cuidado y protección, pero siempre guía al alma por los caminos que llevan a Dios, corrigiendo si es necesario y enderezando nuestros pasos cuando se desvían, con amor, pero con firmeza.

Hoy es un día de acción de gracias, es un día para agradecer a Dios nos haya regalado tan poderoso intercesor, que ha amado tanto a Dios y a los hombres durante su vida que ha querido continuar su labor después de su muerte, no ha querido dejarnos solos.

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