La Santísima Trinidad

Del santo Evangelio según san Juan 16, 12-15.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.

Que mejor que empezar este comentario a la fiesta de la Santísima Trinidad, que con una perícopa del capítulo XXIII de la Regla No Bulada de San Francisco de Asís, verdadera Plegaria Eucarística y, según el místico de nuestro tiempo, Divo Barsotti, la anáfora más bella de la Iglesia Católica:

“Nada, pues,  impida, nada separe, nada se interponga; nosotros todos, dondequiera, en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, todos los días y continuamente, creamos verdadera y humildemente y tengamos en el corazón y amemos y honremos, adoremos, sirvamos, alabemos y bendigamos, glorifiquemos y sobreexaltemos, engrandezcamos y demos gracias al Altísimo y sumo Dios eterno, trinidad y unidad, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo, creador de todas las cosas y salvador de todos los que en El creen y esperan y lo aman; que, sin principio y sin fin, es inmutable, invisible, inenarrable, inefable, incomprensible, inescrutable ( cf Rom 11,33), bendito, loable, glorioso, sobreexaltado ( Dan 3,52), sublime, excelso, suave, amable, deleitable y Sobre todas las cosas todo deseable por los siglos. Amén. ( S. Fco. de Asís ).

Como podemos comprobar es una alabanza, cargada de epítetos, que son signo de la falta de vocablos y expresiones para poder referirse al Único Dios, que a la vez son Tres Personas: Padre, e Hijo, y Espíritu Santo. El Santo habla en singular de los atributos de Dios, pero refiriéndose a las Tres Personas.

Nos dirá sor M. J. de Ágreda que la función del Padre, en Su entendimiento, es engendrar al Hijo y,  a la vez, la función del Hijo es ser engendrado. Que la función del Padre y del Hijo es espirar al E S y, a la vez, la función de Éste, es ser espirado.

Por esto no actúa Uno de ellos, sino que los otros dos, aunque no los percibamos o no lo veamos, como cuando Jesús caminaba por Judea, están en indivisa Unidad con Él. Por la Fe hemos de tener la seguridad de que, cuando rezamos al Hijo, las oraciones son escuchadas y recibidas por las Tres personas. En una comparación que hacía un Padre de la Iglesia, podemos leer: “Si hemos de comparar al Padre con el agua, diríamos que Él es la fuente de agua, el arrollo;  el Hijo es el río; y el Espíritu Santo, es el que nos suscita el deseo de beber”.

Esto quiere decir que, aunque nos centremos en nuestra oración en uno de ellos, los Tres  acuden en nuestro auxilio.

El cristiano debería meditar profundamente este Misterio, pues toda nuestra forma de vida, la de la creatura, no es más que una expresión y prolongación de la Trinidad Inmanente, es decir, de cómo viven el Padre, el Hijo y el E S, a la vez, la familia de Belén: José, María y Jesús;  no son más que el Signo visible de la Trinidad. El Amor que hay entre el Padre y el Hijo, Amor engendratorio, que es el E S, es el que descendió sobre María, y el poder del Altísimo la cobijó con Su sombra; y lo que nació de ella, fue Santo: Hijo de Dios. ( Lc 1, 35 ss). Si el pecado no hubiera entrado en la escena de la creación, ahora la Pureza sería la creación, y las creaturas puras, viviríamos a imagen y semejanza de la Trinidad, y seríamos como el “grano de mostaza, que es la más pequeña de las semillas de la tierra, pero que, cuando es sembrada, sube y se hace la mayor de todas las hortalizas, y hecha grandes ramas, hasta poder cobijar bajo su sombra las aves del cielo”. Sería tanto la gracia al vivir en la pureza del Creador, no existiendo el pecado, que la familia humana, a la imagen de las Tres personas en su interrelación inmanente, sería verdadero signo económico de Aquélla y engendratoria de gracia.

Por esto es tan importante  que deseemos, con todas nuestras fuerzas,  ser reflejo de la Trinidad e intentemos vivir como Jesús nos ha enseñado pues, así, es como, a imagen del pueblo de Israel, peregrinaremos en esta vida temporal, con la seguridad de que Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, velan por nosotros y derraman sobre nosotros abundantes gracias. No existe, en toda la creación, una forma de Entender, de Sentir y de Actuar que no tenga su origen y perfección en la Trinidad Inmanente: “Y no os configuréis a semejanza de este mundo, antes transformaos con la renovación de vuestra mente, para que sepáis aquilatar cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno y agradable y perfecto”. ( Rom 12, 2).

Paz y Bien.

Fvv.

La Ascensión del Señor

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

¡Alabados sean Jesús y María!

Se acercan ya los últimos días de Pascua, pero no son días tristes sino llenos de luz y esperanza en la Promesa del Padre. En estos días la liturgia nos ilumina también para confirmar nuestra fe. En las lecturas se nos habla de que Jesús se estuvo apareciendo durante cuarenta días dando pruebas de que vivía y hablando del Reino. El número cuarenta en la Biblia representa un período largo de tiempo. Dice la Palabra:”dando pruebas de que vivía”, después de esto ya no les podían quedar dudas de que realmente había resucitado, que no era fruto de su imaginación ni del estrés mental por causa de lo que habían vivido en los días de Su Pasión. Durante estos cuarenta días les ha estado dando instrucciones del Reino. Les recuerda la Promesa de que serán bautizados, es decir, sumergidos en el Espíritu Santo, recibirán una fuerza que les capacitará,nos capacitará para ser sus testigos en todo el mundo.

En Juan 16, Jesús dice:”os conviene que yo me vaya” y más adelante “muchas cosas tengo que deciros pero no podéis con ellas ahora”. ¿Por qué convenía que Jesús se fuera? ¿Por qué no podía contárselo todo? El tiempo concedido por el Padre a Jesús había concluido, empezaba la hora de la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, consolador,defensor, abogado; Él revestirá a los Apóstoles y a todos nosotros de una fuerza, de un poder que nos capacitará para ser testigos de Jesús, su proceder es distinto al del Hijo, es una fuerza invisible pero real, que abre la mente e inflama el corazón para comprender los misterios de Dios, nos da valor para anunciarlo a las gentes y nos empuja a la misión, es el alma de la Iglesia, sin Él la predicación queda sin fruto.

Jesús se va, nos encomienda la misión de anunciar su encarnación,muerte y resurrección y predicar en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones.
Dice también en otro pasaje de la Escritura:”me voy a prepararos un sitio, para que dónde yo esté estéis también vosotros”. De nuevo una promesa para aquellos que sean fieles hasta el final, a pesar de nuestras flaquezas y pecados. Volverá en el último día pero esta vez en gloria y majestad “a juzgar y vivos y muertos y su reino no tendrá fin”. Ese pequeño resto que le haya sido fiel “en la tribulación y la persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en todo lo demás; por ello recibirán del Señor la vida sempiterna” (Adm. 6 de San Fco.).

Jesús se va,vuelve al Padre y también se queda entre nosotros en la Eucaristía y en los hermanos, y en ayuda de nuestra debilidad nos envía al Paráclito, “dentro de pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo”.

Terminemos con la proclamación del misterio de nuestra de: “Anunciamos tu muerte,proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús”.  ¡Ven pronto Señor!

En alabanza de Cristo. Amén .