San José

San José, hombre humilde y sencillo, pasó desapercibido muchas veces en su vida cotidiana, pero no para Dios, ya que precisamente a este hombre tan ignorado de muchos, el Padre Dios le tenía reservada una gran misión.

Fue uno de los hombres más envidiables. De la estirpe de David, hombre sencillo, justo y de una humildad sorprendente. Le acompañaba una obediencia ciega a cuanto el Padre Dios quería de Él.

Vivió en Nazaret hace veinte siglos, fue esposo de María y Padre putativo de Jesús. Su historia es la historia de una vocación divina, vivida en medio del mundo. Su trabajo profesional, el de carpintero, permitía sostener los gastos familiares. Se relacionaba con la gente, viajaba en caravana común, peregrinó también fuera de su tierra. Poseía una naturalidad asombrosa, la de la sencillez. Fue padre y esposo modelo, enseñando a Jesús su oficio, que ejercitaría con él durante varios años.

Este hombre tan sencillo, que cuidó de María y Jesús pasando por muchas pruebas y penurias, tuvo el gran privilegio de morir en brazos de Jesús y en compañía de María. Esta era su vocación. “La vocación mueve a la eficacia verdadera de los hombres. Todo lo que se hace por vocación aunque nos parezca insignificante, fructifica sin lugar a dudas para siempre. Encajar cada uno en su propia vocación consiste en valorar la grandeza que se esconde en el cumplimiento fiel de lo pequeño, de lo que muchas veces nos parece a nosotros insignificante”. San José fue un subordinado, pero con un papel de eficacia insustituible. Este hombre, tan humilde y sencillo, fue siempre fiel servidor de Dios. El Hijo de Dios, Jesús, nació legalmente bajo la Ley. Y quedando en esta discreta oscuridad, tal vez nosotros no nos damos cuenta ni tan siquiera de lo importante que fue su trabajo. José no hizo ningún milagro en vida. Pero hizo algo muy importante: la Voluntad de Dios, en todo momento. Ni tan siquiera pudo contemplar los triunfos de su Hijo.

Hombre predilecto de Dios, Santo de nuestro tiempo, viene un año más a recordarnos que a nadie se le pide otra cosa que lo que exige su vocación, en el lugar que se ocupa en el mundo, en su condición de vida.

El Vaticano II puntualiza que “los hombres y mujeres que al procurar el sustento para si y para su familia realizan sus trabajos de forma tal que sirvan a la sociedad, pueden pensar con razón que su trabajo está realizando la obra del Creador, y en su condición de vida, ocupación y circunstancias, pueden alcanzar la santidad”.

En Alabanza de Cristo.

Mª Magdalena.

OFS.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>