Jueves Santo

En el nombre del Padre,del Hijo y del Espíritu Santo.

Hoy empieza el Triduo Santo, hoy en muchos lugares después de la celebración, se acompañará a Jesús durante toda la noche, se harán turnos ante el monumento que se erige hoy para reservar la Eucaristía.

Meditando sobre las lecturas de hoy, vemos en el libro del Éxodo cuando Dios liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Es la noche del paso del Señor. Debían comer cordero o cabrito en familia celebrando su liberación, y la sangre puesta en las jambas les protegería del la muerte al paso del ángel exterminador. Hoy éste cordero es Jesús y su sangre más preciosa que el oro es la que nos protege.
En la segunda lectura Pablo recuerda lo que hizo Jesús la noche que fue entregado, es la nueva Pascua. Ved que Pablo dice “recibí del Señor”; la Eucaristía no nos pertenece, ni la hemos inventado los católicos, ni tenemos derecho alguno sobre ella. La Eucaristía es de la Iglesia y es el mismo Señor quién ha dicho cómo celebrarla y lo que se celebra; la liberación definitiva de la esclavitud del pecado y de la muerte y no ya sólo para el pueblo de Israel, porque a partir de ese momento, pertenece al pueblo elegido aquel que acepta a Jesús como salvador. La Eucaristía no es sólo la reunión de la comunidad. La comunidad se reúne para ofrecer al Padre a Jesús, el Cordero inmaculado que se entrega por nosotros como sacrificio de propiciación para el perdón de los pecados y sacrificio de comunión para restaurar la relación con el Padre, rota por el pecado. No es un recuerdo de lo que Jesús hizo, es la muerte de Jesús que se actualiza en el tiempo pero ahora de manera mística, de forma incruenta.

En el evangelio de Juan Jesús nos está mostrando cómo debemos actuar entre nosotros, en la Iglesia. Él siendo Dios se despoja de todo y toma la condición de esclavo (Filipenses 2,7). Dentro de la Iglesia,dentro de las comunidades, cuanto más alto es el cargo de responsabilidad, más alto es el servicio que se está obligado a dar. San Francisco nos lo recuerda en la admonición 4:” todo el que haya sido erigido por encima de los demás, gloriese de tal prelacía como del oficio de lavar los pies a los hermanos”
Todo lo contrario que en el mundo. Esta es otra señal del mesianismo de Jesús.
-Viene como siervo ofreciendo su vida en rescate.
-Viene como siervo para lavar los pies.
-Lo más grande es que todo esto lo hace libremente, en comunión con el Padre, para restaurar la alianza que se rompió por el pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva.
Éste es el camino que nos dejó para ejemplo y salvación nuestra. (1Pedro 2,21)

En alabanza de Cristo. Amén.

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