Evangelio 2 Domingo Adviento.

Del santo Evangelio según san Lc 3, 1-6.

“En el año quince del gobierno del emperador Tiberio. Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su hermano Filipo rey de las regiones de Iturea y Traconítide, y Lisanias rey de Abilene, en tiempos de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías: Voz del que grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor; hagan rectos sus senderos; todo barranco será rellenado y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. Y todos verán la salvación de Dios.”

El evangelista Lucas nos presenta, en pocas palabras,  la situación socio-política que se vivía en aquel momento no sólo en la región donde nacerá el Mesías, sino en el mundo entero, ya que hace mención al gobierno de Tiberio, emperador de Roma, que llevaba 15 años en el poder. En este momento histórico Roma representa el mundo entero. Con esto el evangelista nos dice que el Señor nos trae la salvación al mundo entero.
Luego se centrará en el región donde se producirán todos los acontecimientos y, de manera especial, nos anticipa los nombres de los principales protagonistas que tendrán un papel importante en esta venida del Mesías; uno, al principio, en el nacimiento, los otros dos, al final de Su vida. El denominador común en ellos es que, de una manera u otra, todos quisieron impedir que  “el camino del Señor”, al que exhorta el profeta Isaías, no sólo no fuera allanado sino que se impidiera con toda la fuerza posible.

Es importante significar que a Juan, hijo de Zacarías, sacerdote, Dios mismo le habla en el desierto. En toda la tradición del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, éste siempre se les ha manifestado en el desierto. No es un dato baladí. Hemos de fijarnos en él y meditar su significado. La soledad del desierto y su aridez, son el ambiente adecuado para que los ruidos, las preocupaciones, las cosas supérfluas del mundo que nos rodea, no nos impidan oir a Dios. El desierto supone tres cosas importantes y, a la vez, imprescindibles para una escucha de lo trascendente: oración, ayuno y silencio. Las dos primeras son acciones activas que nacen del deseo del que quiere oir a Dios, la segunda, es una actitud pasiva, del que espera que Dios le responda. Juan conocía como su Dios se había revelado al pueblo de Israel y, por esto, se encamina al desierto a Su encuentro.

Pero, lo más importante, como recordábamos todos los católicos ayer, día de la Inmaculada Concepción, es la postura pasiva que adoptó la Virgen a lo largo de Su vida, “hágase en mí”. Ella no hace nada, todo lo hace Dios, pero sin su “Fiat”, nada hubiera ocurrido. Pues con Juan el Bautista, sucede lo mismo. El acoge la Palabra de Dios y, encarnándola en su corazón, se pone en camino a predicar el bautismo, un bautismo de conversión.

Qué significa la palabra Conversión? Nuestra Madre en Medjugorje, verdadera escuela del Cielo, nos lo ha enseñado. La palabra hebrea es “TESHOUVA ” : Esta es la idea de teshuvá/teshouva, que literalmente significa “retorno”. Cuando “hacemos teshuvá”, examinamos nuestras formas de ser, identificamos en cuáles estamos mal y “retornamos” a nuestro estado previo de pureza espiritual. En este proceso “retornamos” también hacia nuestra conexión con Dios. La vuelta a casa, signifca la calidez, la acogida, la seguridad, el abandono, el descanso, fisico y psiquico, del que se sabe está, de nuevo, en la madriguera, pero no esta madriguera que Jesús dice no tener, madriguera humana que representa la inmadurez no sólo cronológica sino espiritual, no es esta madriguera. Si, en cambio, es la madriguera espiritual a la que hace referencia SAN FRANCISCO DE ASÍS, este hombre que quiere recuperar el estado de gracia original, que quiere ser un hombre nuevo y abrir, de par en par, las puertas del camino para la venida del Señor. Así, de esta manera, “Todo el mundo verá la salvación que Dios envía”.

Marana tha.

Fernando.

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