1er Domingo de Adviento.

En este Año de la Fe celebramos de un modo “muy especial” la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Para ello preparémonos en este tiempo de Adviento, que ya ha comenzado. Y qué mejor para ello que acudamos a María Santísima nuestra muy amadísima Madre y desde el corazón le digamos: “¡Oh Madre, tú que fuiste elegida antes de la Creación para ser Madre del Salvador, por Obra y Gracia del Espíritu Santo, permítenos llenarnos de Ti y no apartes tu mirada cariñosa, acompáñanos en nuestro largo caminar y al término de nuestra vida llévanos contigo al Cielo. ¡Oh Madre de toda la Humanidad, ayúdanos a saber encontrar nuestra Misión en el misterio, primero del Nacimiento de tu Divino Hijo, que siendo Dios se abajó tanto, tanto, que se hizo igual que nosotros en “en todo”, menos en el pecado. Dios hecho hombre, por Amor”.

Que en este Adviento el Espíritu Santo ilumine nuestras mentes, inflame nuestros corazones para que comprendamos profundamente la dimensión divina de este Misterio y nos beneficiemos plenamente de Él. Pero hermanos, no olvidemos dar gracias a María Santísima , Ella con su “Sí” hizo posible que recibiéramos Gracia tan grande.

Jesús, al iniciar este nuevo Adviento, desea tener personalmente un encuentro con cada uno de nosotros, porque Él viene a alimentarnos con sus Palabras, porque son “Vida”, “Verdad”. “Levantaos, alzad la cabeza”, nos sigue diciendo, “se acerca vuestra liberación”. Invitémosle pues y digámosle “Ven, Señor, no tardes”. Ven a liberarnos de tantas cosas que nos impiden avanzar con libertad. Esa libertad que sólo Tú sabes dar. Danos fuerza para escapar de todo lo que nos separa de Ti.

Tu paso por la tierra fue un continuo peregrinar, evangelizar, sanar enfermos; danos a conocerlos para imitarte a través del Evangelio, tu Entrega. Diste la Vida por Amor, para lavarnos las consecuencias que el Pecado Original ocasionó, y con tu Sangre quedamos limpios y purificados.

Cuando partiste a la Casa del Padre, era tan grande tu Amor, que te quedaste con nosotros hasta tu Segunda Venida, en el Sagrario, donde permaneces día y noche. Gracias Jesús u Gracias a Ti, Bendita Madre.

Para terminar, meditemos: Sal 24, 4-5, 8-10; 14, A Ti, Señor, levanto mi alma; 1 Tes 3,12 – 4,2; Lc 21, 25.28.34-36.

En Alabanza de Cristo.

Paz y Bien.

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