Evangelio según san Lucas (3, 10-18).

En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista:

“¿Qué debemos hacer?”

El contestó:

“Quien tenga dos  túnicas, que dé una al que no  tiene ninguna, y quien tenga  comida, que haga lo mismo”.

También acudían a él los  publicanos para que los bautizara, y le preguntaban:

“Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?”

Él les decía:

“No cobren más de lo establecido”.

Unos soldados le preguntaron:

“Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?” Él les dijo:

“No extorsionen a nadie, ni  denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario”.

Como el pueblo estaba en  expectación y todos pensaban  que quizá Juan era el Mesías,  Juan los sacó de dudas,  diciéndoles:

“Es cierto que yo  bautizo con agua, pero ya viene  otro más poderoso que yo, a  quien no merezco desatarle las  correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y  con fuego. El tiene el bieldo en  la mano para separar el trigo de  la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.

Palabra del Señor.

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Evangelio 2 Domingo Adviento.

Del santo Evangelio según san Lc 3, 1-6.

“En el año quince del gobierno del emperador Tiberio. Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su hermano Filipo rey de las regiones de Iturea y Traconítide, y Lisanias rey de Abilene, en tiempos de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías: Voz del que grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor; hagan rectos sus senderos; todo barranco será rellenado y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. Y todos verán la salvación de Dios.”
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1er Domingo de Adviento.

En este Año de la Fe celebramos de un modo “muy especial” la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Para ello preparémonos en este tiempo de Adviento, que ya ha comenzado. Y qué mejor para ello que acudamos a María Santísima nuestra muy amadísima Madre y desde el corazón le digamos: “¡Oh Madre, tú que fuiste elegida antes de la Creación para ser Madre del Salvador, por Obra y Gracia del Espíritu Santo, permítenos llenarnos de Ti y no apartes tu mirada cariñosa, acompáñanos en nuestro largo caminar y al término de nuestra vida llévanos contigo al Cielo. ¡Oh Madre de toda la Humanidad, ayúdanos a saber encontrar nuestra Misión en el misterio, primero del Nacimiento de tu Divino Hijo, que siendo Dios se abajó tanto, tanto, que se hizo igual que nosotros en “en todo”, menos en el pecado. Dios hecho hombre, por Amor”. Sigue leyendo 1er Domingo de Adviento.