Hoy es Día de Acción de Gracias

Hoy celebramos a todos los que nos han precedido en la Fe y gozan ya de la Vida Eterna en el Cielo. Celebramos, en efecto, a todos los que ya han experimentado la Plenitud de la Salvación. Pero esta Plenitud la disfrutan y la disfrutaremos si Dios quiere gracias a la Redención obrada por el Hijo, y que culminó en su Cruz y Resurrección.“Descendió a los infiernos”, rezamos en el Credo. Jesús, que se Encarnó en el Seno de la Virgen y se hizo Hombre, pasó “haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hch 10, 38). Y, finalmente, murió en la Cruz, como nos recuerda Pedro (1 Pe 2, 21-25 a):

Cristo padeció por nosotros,dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados, subió al leño para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.

De ahí que, gracias a su Pasión, nuestros pecados han sido perdonados. Y al decir “nuestros” digo los de todos los hombres desde Adán hasta el último justo que murió antes que Cristo entregara su Espíritu en la Cruz. Y, una vez perdonados los pecados, podemos acceder al Reino, puesto que ya no pesa sobre nosotros el Pecado de Adán, sino que la Misericordia de Dios nos ha librado. Ahora podemos vencer al pecado y al diablo, siempre que queramos vivir para Dios. Y, gracias a la Pasión de Cristo, podemos ir al cielo, podemos gozar, otra vez – como ya gozaran Adán y Eva –  de la compañía de Dios, en la Vida Eterna.

Y eso celebramos hoy: que el Cielo está abierto para todos los que allá queramos ir, y obremos en consecuencia. Sólo siguiendo el Camino que nos trazó Jesús en el Evangelio, podremos llegar a esa Gloria Bienaventurada.

Sólo queda dar Gracias y Alabar a Nuestro Señor porque se dignó Encarnarse y hacernos partícipes de su misma Vida Divina. Es un día para reflexionar y acordarnos de que nuestra Morada no es ésta que se marchita, sino la del Cielo, la Eterna, la Única que es Auténtica. Es un día para pensar dónde queremos estar, y vivir aquí en la Tierra, según la Voluntad de Dios, aquella Vida Gloriosa y Gozosa, donde Dios lo será todo en todos (1 Cor 1, 5).

Pace Bene.

Maseo.

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