Mc 9, 30-37: Jesús predice nuevamente su pasión.

Jesús y los Apóstoles atravesaron Galilea y no querían que nadie los supiese, seguramente para tratar con más intimidad a  sus discípulos, estando en Galilea de paso y como ocultamente, se maravillaban todos de cuantas cosas hacia Jesús, su maestro, El Señor aprovechando el estado del alma de sus discípulos les habla nuevamente de su pasión, para que comprendan que, siendo tal su poder, solo libérrimamente podrá entrar en los dolores de la pasión y morir, Díjoles Jesús a sus discipulos: Grabad en vuestros corazones estas palabras, las que va a decir que importan un hecho en pugna aparente con la manifestación actual de su poder y con la gloria que recibe de los hombres: El hijo del hombre ha de ser entregado en manos de los hombres, a su poder y arbitrio, para que hagan de él lo que quieran . y lo matarán y muerto resucitará al tercer día.

El efecto de la predicción producido por el terrible anuncio en el ánimo de los discípulos es doble. Por una parte quedan desorientados y perplejos: Mas ellos no entendían el lenguaje y les era tan oscuro que nada entendieron. Pudieron creer, acostumbrados a oír hablar a Jesús en parábolas que en la tremenda claridad de aquella para ellos inverosímil profecía se ocultara alguna verdad más alta y espiritual o tal vez  no estaban en condición de comprender el profundo misterio de la cruz, verdad sobrenatural donde descansa la obra de Jesús. Por otra parte palpaban el sentido de las palabras y la realidad de la muerte de Cristo que en ellas se anunciaba, y bien que no podían penetrar en el misterio de la muerte del Maestro, a quien creían Mesías e Hijo de Dios, ni la finalidad de la misma muerte, el amor que sentían por Jesús y el pensamiento de su muerte les lleno de profunda pena: Y se estremecieron en extremo.

Jesús descubre con divina mirada, porque sabe lo que hay en el hombre, los secretos movimientos de corazón de sus discípulos y sabiendo con su ciencia divina el objeto de su conversación mientras venían de Cafarnaún les responde con una pregunta que les desconcierta. A la insólita pretensión de sus discípulos responde Jesús con la lección de humildad que les hará entender los que les ha predicho previamente, el misterio de la Cruz. En la actitud sentada revela la serenidad, la gravedad y la autoridad de su enseñanza, Y llamando Jesús a un niño de muy corta edad, lo tomó lo puso junto a sí y habiéndole abrazado significando así cuanto le agrada a Jesús la sencillez y la inocencia les dijo: En verdad os digo, que si no os volvéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Si no cambias de dirección moral, deponiendo toda ambición, si no os hacéis semejantes a los niños, humildes, sencillos, obedientes, no sólo no tendréis el primer lugar en mi Reino, sino que no entrareis en él.

Paz y Bien.

Bernardo da Quintavalle.

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