El culto verdadero

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Durante la semana viene el Señor, por medio de su Palabra, avisándonos de cual es el culto que a Él le agrada y cual es el culto que en nosotros, tiene o no frutos de vida eterna.  En las lecturas de este domingo, el Señor sigue en su misma línea y la liturgia nos ayuda a comprender y profundizar dentro del corazón de Jesús, que es el corazón de Dios.En la primera lectura Moisés nos recuerda cuál es la Ley del Señor, cómo esta Ley es fuente de vida y no de muerte. Practicando los preceptos del Señor estaremos cerca de Él y Él estará a nuestro lado siempre que lo invoquemos. Moisés habla de no añadir ni quitar nada a esta Ley. El hombre tiene facilidad de añadir “preceptos” a la Ley so capa de mejor fidelidad y cumplimiento, que al final se convierten en pesadas cargas que matan el verdadero espíritu de la Ley.  Igualmente tiene la misma capacidad para quitar aquellos “preceptos” que considera innecesarios o que no se adaptan a los tiempos.

Santiago, en la segunda lectura, nos invita a: “recibid con docilidad la palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvar vuestras vidas” y “Poned por obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos”.  Esta Palabra que desciende del Padre es verdadera y nos muestra el camino de regreso a la casa del Padre.  Esta Palabra para nosotros es Jesús, camino, verdad y vida.   Dejaos guiar por esta Palabra, nos dice Santiago, sed dóciles al Espíritu Santo.  Pero esta Palabra no basta con escucharla para salvarse, debe ponerse en práctica, de lo contrario nos estamos engañando a nosotros mismos y no tendremos ni produciremos frutos de vida eterna.

En el Evangelio, en la discusión sobre lo puro y lo impuro y sobre las costumbre de los antepasados, el Señor nos avisa y trata de liberarnos de tradiciones, costumbres, etc, impuestas por los hombres o incluso por nosotros mismos, con la buena intención de mejor servir y amar a Dios, pero que a la larga se transforman en meros rituales de cumplimiento que se quedan en lo externo y provocan que nuestro culto a Dios sea vacío.  “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mi” y “En vano me rinden culto ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres”.

Los judíos tenían miedo de contaminarse y quedar impuros sólo por el hecho de estar en contacto o compartir un mismo espacio con paganos y temían que al alimentarse sin hacer este ritual quedasen contaminados.  Jesús avisa de la vaciedad e inutilidad de esos rituales, que no estaban en la Ley de Moisés,  porque dice que las malas inclinaciones son las que salen del corazón del hombre y éstas son las que llevan a no vivir un verdadero culto a Dios, que tiene que ver con la coherencia de vida, ¿porque de qué sirve decirle a Dios que le amamos si nuestro corazón está lleno de rencor o enemistado con el prójimo y no tenemos intención de reconciliarnos?

La contaminación de la que nos habla Santiago, no es la misma que Jesús reprocha a los judíos. La contaminación que procede del mundo es aquella que nos entra por los sentidos a través de la televisión, radio, Internet, la prensa, etc.

Esta contaminación sí es prejudicial porque va calando y arraigando en nuestro corazón la mentalidad de nuestra sociedad consumista e idólatra, sí porque nuestro mundo rinde culto al dinero, al placer, a la comodidad, a la sexualidad desordenada, etc.  ¿Cuántas cosas no nos habrán influenciado mal e incluso habremos adoptado en nuestro estilo de vida?  ¿Cómo una persona puede pretender tener su corazón vuelto hacia Dios en la oración o en la Santa Misa después  de haber visto una película cargada de erotismo o violencia? Por poner un ejemplo.  Esta contaminación sí produce los malos frutos de los que nos avisa el Señor en el Evangelio.

Es posible dar un verdadero culto a Dios que producirá en nosotros frutos de vida eterna. Es posible, los santos nos lo demuestran. La Iglesia tiene tantos santos reconocidos como modelos de vida y seguimiento de Jesús que es imposible no encontrar alguno que nos pueda ayudar y que podamos adoptar como guía y compañero de peregrinaje hacia la casa del Padre.

Supliquemos al Espíritu Santo, invoquemos a María Santísima nos ayuden a vivir con coherencia de vida, con recta intención de corazón.

En alabanza de Cristo. Amén.

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