Yo soy el Pan de Vida.

            Hoy celebramos una gran fiesta, es uno de los días más importantes del año, hoy celebramos que Jesús está en Cuerpo, Alma y Divinidad, con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20)

            Hace unas semanas escuchaba una charla de la escritora María Vallejo-Najera en la que ella daba testimonio de su conversión. Os invito a que la veáis y escuchéis porque vale la pena.

          A muchos de nosotros el Señor nos ha regalado el poder ir a Misa diaria y poder visitarle en el Sagrario en cualquier iglesia. Tenemos tanta facilidad por recibirle o visitarle que a menudo nos olvidamos del significado y el valor que tiene el poder tener a Jesús Eucaristía. Deberíamos también nosotros, decir con fuerza y entusiasmo: “ÉL ESTÁ VIVO. ESTÁ AQUÍ, PRESENTE. ÉL ESTÁ VIVO Y ESTÁ CON NOSOTROS”.

            La Virgen, en tantas ocasiones, en Lourdes, Fátima, Garabandal, Medjugorje, nos recuerda, una y otra vez, que su Hijo nos espera en el Sagrario, que viene a nosotros en la Eucaristía, que Él es el que nos da la vida, que Él debe ser nuestro Alimento. Pero  nosotros, duros de cerviz, no cambiamos, y María no se cansa de venir cada día, para repetirnos una y otra vez “Coged mi mano para que yo os conduzca hasta mi Hijo. Para que os enseñe la puerta del Paraíso”.

            Si los católicos tuviéramos esa vivencia y convencimiento, si adorásemos a Jesús Eucaristía como Él se merece, cambiaríamos el mundo. Porque no seríamos nosotros sino Él en medio de nosotros, el que obraría milagros, sanaría a los enfermos, resucitaría a los muertos…. Porque Jesús siempre cumple sus promesas y su Palabra permanece para siempre, y Él nos ha dicho “el que crea en mi hará todas estas cosas y mayores aun”.

            Tenemos un tesoro, tenemos a Dios mismo al alcance de nuestra mano. Deseamos hablar con Él y que nos escuche, y Él lo hace, cada día. No solo eso, sino que cuando lo recibimos en la Eucaristía, Él y nosotros somos uno, Su sangre es nuestra sangre, su Cuerpo es nuestro cuerpo, Su Corazón es nuestro corazón. Lo recibimos todo entero, Jesús, en Cuerpo, Alma y Divinidad, está en nosotros y se une a nosotros por completo. ¿Nos lo creemos realmente? ¿Creemos en la presencia real de Jesús en la Eucaristía?

            No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos, y Él no tan sólo nos ha dado su Vida, se ha entregado por nosotros y ha dado hasta la última gota de su sangre, sino que se ha querido quedar en este mundo, de forma real, en la Eucaristía, esperándonos para entregarse a nosotros, amándonos de forma personal e individual. Para Él cada uno de nosotros es único y su amor hacia cada uno es total, pleno, eterno.

            Hoy es un día para adorar a Jesús en la Eucaristía, para proclamar por las calles, a viva voz, que Él es Dios, que Él es el Rey del cielo y de la tierra, que Él es camino, verdad y vida, que es nuestra Vida. Es un día que se debería repetir para cada uno de nosotros en nuestro interior en el momento en que le recibimos en la Eucaristía, cada vez que pasamos por delante del Sagrario o cada vez que rezamos ante el Santísimo. Es un día que debe tener su continuidad el resto del año y que debemos manifestar con nuestra forma de vida, con nuestras acciones y en nuestras relaciones con los demás, para que realmente, no tan sólo de palabra sino con las obras, proclamemos que JESÚS ESTÁ VIVO, ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS Y CON NOSOTROS, TODOS LOS DÍAS, HASTA EL FIN DEL MUNDO.

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