Jesús revela su Gloria.

En el relato de la Pasión según San Juan se traslucen de modo permanente, y como hilo conductor del relato, la libertad y la iniciativa de Jesús. Desde el Huerto de los Olivos hasta que entrega el Espíritu, es Él quien mantiene la iniciativa, es Él quien, con sus propios actos libres, y en los diálogos que mantiene, tanto con los judíos como con Pilato y las personas que de Él se compadecen, teje el Relato de la Pasión. En efecto, sus preguntas y sus respuestas, unidos a sus gestos y actos, construyen y dibujan su Pasión, Muerte y Resurrección.

Es interesante verlo así tanto para una reflexión teológica posterior como para, lo más importante, meditar y meternos en la cabeza y el corazón que, a pesar de lo que dicen algunas idelogías que se empeñan en encerrar a Jesús en criterios humanos, Jesús fue libre y, lo más significativo, quiso y abrazó la Cruz en todo momento. De ahí vemos que su Amor fue infinito, y que ése es el mismo Amor que debemos vivir y encarnar. Todo lo que hice y hace, pues, lo dice y lo hace para llevar a término la Redención. Sabe que tales hechos y palabras le llevarán, inevitablemente, a morir en la Cruz. Lo sabe, y por eso lo hace.

Pero todo ello encierra en sí un Misterio que Jesús va revelando poco a poco: su Gloria, la que recibe del Padre, y la que devuelve al Padre (Jn 17). Esta Gloria, la que tenía “antes de que el mundo fuese” (Jn 17, 5) la empieza a revelar ya en el Huerto: “Yo Soy”. Luego será Él quien salga, diga, sepa, pregunte, conteste, calle, ordene, cargue (la Cruz) y, finalmente, incline (la cabeza) y entregue (el Espíritu).

Es también significativo que el Evangelista centra la Pasión en Jesús, no sólo porque sea el natural protagonista, sino también porque Él es el Actor, el que da cumplimiento: Pedro y Juan “seguían a Jesús” y Juan “entró con Jesús” (18, 15). Los judíos y los romanos aparecen sólo en cuanto interactúan con Jesús, y en función de Éste, de modo que de este interactuar sacamos conclusiones, y se nos revela la verdadera identidad de Jesús, Hijo de Dios, Hijo del Hombre.

Que, meditando los textos evangélicos y en oración, sepamos adentrarnos en este Misterio, por el cual nos vino la Salvación y la Redención.

Pace Bene.

Maseo.

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