La Transfiguración en el Tabor

La Transfiguración es un acontecimiento, en la vida de Jesús, que le prepara para el Calvario. En el Tabor, la montaña, lugar de encuentro con Dios para el pueblo judio. Jesús se lleva con Él a Pedro, Santiago y Juan, tres discípulos a los que Jesús había mirado y ellos se habían dejado penetrar y enamorar. Uno, Pedro, será la ” piedra angular” de la Iglesia, la “exousia”, la Autoridad; el segundo, Santiago, el primer apóstol mártir, que quiere decir, “testigo de sangre”, y este martirio lo fue por proclamar la fe en Jesús de Nazaret; y el tercero, Juan, el discípulo amado,  tuvo y recogió en su persona una autoridad distinta de la de Pedro, “exousia”, para ser el discípulo que representaba el poder, “agapao”, del Amor. La Comunidad Joánica era la que se reunía en torno a un mismo espíritu, Unicidad, en el Amor derramdo por Jesús en el corazón de Juan.
Jesús se transfigura y se encuentran los dos mundos en Él: el trascendente y el finito y efímero. En Él se unen y por Él se abrirá la puerta y el acceso a lo celestial y sublime. Jesús habla, anmigablemente, con Elías, profeta y profecía; y con Moisés, la Ley del Pueblo Judío, las Tablas de la Ley. Ambos le hablan, en nombre de Su Padre: Yhwh, recordándole todo lo que los profetas del Antiguo Testamento, anticiparon y lo que Dios-Ywh dio como Ley a Moisés, pues en Él, Jesús, se unifican la Profecía y la Ley. En Él se da pleno cumplimiento todo lo que los profetas del, A. T., habían dicho sobre el Salvador.

El Cardenal Ratzinguer, antes de ser Papa, en una reflexión teológica sobre Tabor, dirá: “Es un suceso que, a sensu contrario de cómo se ha interpretado hasta ahora, que se leía y meditaba a la luz del Calvario, se ha de modificar su enfoque y reflexionarlo y leerlo como Anticipación de éste. Dios Padre, en su Amor Infinito al Hijo, lo consuela, prepara y conforta para la acerbísima hora que se acerca: el triunfo aparente de las tinieblas, que, en realidad, será el Triunfo definitivo de la Vida contra la muerte y, como dice Jesús: <<El Hijo del Hombre ha vencido al Principe del Mundo>>”.

Los discípulos se encuentran tan bien  bajo la nube de Dios que les cubre, como la nube que cubría el “naos”, el Santa Santorum del Templo de Jerusalén, que no querían volver del estado extático al mundo.

Jesús, Transfigurado, nos anticipa el estado que tendremos todos cuando trascendamos de este mundo y nos encontremos con Dios-Amor.

Paz y Bien.

Carmen Vidal de Villalonga Ramis de Ayreflor.

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