Miércoles de Ceniza.

Hoy en día a penas una pequeña parte de la sociedad conoce y celebra el inicio de la Cuaresma. Sin embargo, si nos pusiéramos a preguntar a la gente, encontraríamos que muy pocos no saben que ha pasado ya el carnaval.

Tengo que reconocer que es triste pensar que vivimos en un mundo en el que se ensalza la “mentira”, el “disfraz”, la “burla” y todo lo “carnal”, y la parte trascendente del hombre queda totalmente, no tan solo relegada, sino olvidada e ignorada.

Esta semana, el Evangelio del lunes nos hablaba de que Jesús libera a un endemoniado, poseído por un diablo mudo y sordo. Y sus discípulos le preguntan por qué ellos no han podido expulsar al demonio, y Jesús les responde que “esta clase espíritu solo se puede expulsar por medio de LA ORACIÓN Y EL AYUNO”.

Tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión, tiempo de que los cristianos realmente nos lo tomemos como un don de Dios, un privilegio, ya que un año más Él nos regala una nueva oportunidad para  descubrir cuál es la auténtica realidad, cuál es el CAMINO, la VERDAD y la VIDA.

Pero ¿cómo se puede correr el velo que hay ante nuestros ojos, esa columna de humo que es todo lo que nuestros ojos ven y perciben de este mundo, y realmente ver con los ojos del alma lo REAL Y TRASCENDENTE de la vida? El diablo es mentiroso y astuto, nos presenta la vida y su problemática como un disfraz de comodidad, seguridad, posesión, poder, ser… Un disfraz que al mismo tiempo nos presenta envuelto en un cumulo de ruidos e imágenes que no nos deja pensar, analizar, profundizar.

De ahí la importancia de que el tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión, sea un tiempo de ORACIÓN Y AYUNO. Es Jesús el que nos da la clave, “esta clase de demonios” que quieren mantener al hombre sordo ante la voz de Dios, ante su infinito Amor y Misericordia; y mudo para no poder responder, para que no hable, para que no busque, para que no ORE; tan solo “se puede expulsar con ORACIÓN Y AYUNO”.

Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos este tiempo con paso firme. Día de ayuno y abstinencia, para darle al alma las herramientas necesarias para que esté más sensible y dispuesta a recibir el Don de Dios, su Gracia, su Amor, su Perdón, su Infinita Misericordia.

Hoy, en la Eucaristía el Señor nos recuerda que para realmente poder acoger la Gracia debemos ser humildes y tener recta intención y un corazón puro, el cual realmente busque a Dios y tenga la voluntad de que su relación con Dios durante este tiempo de Cuaresma, no sea pura fachada, sino una relación Íntima entre Dios y el hombre, entre Su Corazón y el nuestro.

Y al mismo tiempo, la ceniza que nos impongan también nos llevará a centrar nuestra atención en que estamos en este mundo tan solo por un instante y que lo importante es que nuestra mirada esté puesta en las cosas del Cielo, porque “polvo somos y en polvo nos vamos a convertir” y se nos juzgará por el amor, por la caridad.

Pido a María Santísima y a San Francisco de Asís, que durante esta Cuaresma nos enseñen, nos guíen y nos conduzcan, para que por su intercesión, nuestra alma pueda alcanzar la visión de lo Eterno, acercarse y unirse mucho más a Dios, que es EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, y que el día de Pascua, podamos  resucitar y ser HOMBRES NUEVOS, APÓSTOLES, NACIDOS, NO DE LA CARNE SINO DEL ESPÍRITU.

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