Meditación 1er Domingo de Cuaresma.

Hoy, el Evangelio comienza con la expresión: ” Después de esto”. Marcos, quien nos relata este pasaje, quiere denotar la importancia de lo que ha sucedido. Lo que Jesús ha vivido es de una trascendencia tan grande que marca un hito, pero no histórico, sino un Hito en la historia de la Salvación.

Después de lo que acaba de acontecer, el mismo Espíritu, “que procede del Padre y del Hijo”, como profesamos en el Credo de Nicea, lo invita a hacer la Voluntad del Padre y ¿dónde lo lleva?: Al desierto, lugar de interiorización, lugar de encuentro, lugar de profunda introspección para encontrar, dentro lo más profundo de nuestra alma, “El Trono de Gracia”, como dice San Pablo en Hebreos 4,16. El judío antiguo penetraba en el centro del Templo de Jerusalén, en el Sancta Sanctorum, “El NAOS”, allí donde estaba el Arca de la Alianza y donde la Gracia de Dios – en forma de nube – todo el tiempo, de día y de noche, cubría el lugar. Esta estancia era llamada, “lugar santísimo” ( Hb 9, 2-5); pero Cristo, habiéndose presentado como Vicario, sustituyó los tres elementos que componían el escenario del sacrificio: El Sacerdote, la Víctima y el Tabernáculo. ( Hb 9, 24 ss ); y como sigue diciendo el Apóstol, todo esto lo “padeció fuera de la puerta” ( Hb 13, 12 ). Por tanto, Jesús se distancia de todo lugar y recinto santo y, fuera de la puerta, en el desierto, lugar de encuentro con Dios, de los Padres y Profetas de la Antigüedad, se retira a orar y a encontrarse con Su Padre. No es posible el Bautismo de Conversión sin el desierto. Pablo, después de su Bautismo, se retiró también al desierto. Incluso afirman que, antes de predicar, se pasó 15 años en profunda unión con el silencio del desierto, silencio elocuente, que le manifestaba las cosas de Dios.

En el desierto, en la soledad del mundo, cuando el hombre-ser se encuentra consigo mismo, es cuando  afloran todas las verdades ocultas sin el disfraz que el engaño, la falacia y el velo del mundo ocultan o ensombrecen para que nuestro Yo pueda seguir creciendo y alimentándose. De lo contrario, el Maligno, Satanás, no tendría ninguna oportunidad. Jesús: Sacerdote, Víctima y Altar, lo asume todo. Por tanto, también Él recoge, sobre sí, la fuerza tentadora de Satanás, y no como la sufrimos nosotros, sino que Él la soportó en todo su poder descarnado. El Maligo debía intentar, con todas las fuerzas de las que él puede disponer, disipar, apartar y convencer, mediante falacias, mentiras y engaños, a Jesús de que lo que iba a iniciar era inútil y un sinsentido pues, la criatura, ni lo iba a agradecer ni le iba a responder. Esta es la forma de trabajar del Demonio: La mentira, la acusación y la separación de todo lo que sea la Gracia Trinitaria. Hemos de tener en cuenta que Satanás es un espírutu pero no tiene conocimiento omnipotente, ya que éste sólo lo tiene Dios. Satanás intuye y sabe que Jesús de Nazaret viene de Dios y lo pondrá a prueba hasta el límite de su capacidad, hasta que él mismo descubra que este Jesús, hijo de José y de María, nacido en Belén, de Judá, es el Santo de Dios.

En cambio, los ángeles sí le conocían y, por tanto, le adoraban y le servían. Es significativo este detalle que nos apunta Marcos, pues el Cielo en pleno: arcángeles, coros de los bienaventurados serafines, querubines, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, ángeles y todos los que sirven a Dios; por el Amor, humildemente adoran, agradecen y bendicen constantemente al Dios verdadero, eterno y vivo, con su queridísimo Hijo nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo Paráclito, por los siglos de los siglos ( San Francisco de Asís ).

Después de esto… podemos decir juntamente con el evangelista, Jesús triunfante de la prueba y reforzado por la misma en el Espíritu de Dios, vuelve del desierto, no para recogerse ni para continuar con una vida cómoda, rutinaria o placentera; sino que, habiendo experimentado la Verdad, esta verdad que sólo nos puede comunicar el Espíritu Santo, se pone en camino e inicia el Anuncio y la llamada a la Conversión, porque está aquí el Reino de Dios.

Otro hecho que hay que significar, es que Juan el Bautista, preso, que como precursor había predicado con fuerza y vigor: Convertíos y Creed en la Nuena Noticia, es sustituido no como predicador sino como la propia Palabra. Jesús es Palabra y todo lo que comunica, expresa, manifiesta, participa, exhorta y predica es Evangelio encarnado en su corazón. A partir de aquí, y después del desierto, se marchará a tierras de Galilea y, en ambientes más helenizados, comenzará a predicar que el Reino de Dios está aquí, entre nosotros.

Paz y Bien.

Leone.

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