Marcos 1, 21-28

Vivimos en un mundo rodeados de mil influencias y voces: La radio, la televisión, la prensa, Internet, música, tecnología… Muchas voces suenan a nuestro alrededor y si el hombre no busca un lugar y un momento propicio, no existe el silencio.

El alma tiende a Dios como a su fuente, como su centro, y lo busca y desea porque Dios es su plenitud.

Si buscamos un momento de recogimiento y silencio, es allí donde le vamos a dejar espacio a Dios y donde podemos escuchar SU VOZ. Cuando el mundo enmudece es cuando podemos oír al ESPÍRITU que nos da la vida.

El hombre busca la felicidad, busca ser feliz, y en esa búsqueda se encuentra con “promesas de felicidad” que el mundo le ofrece: honor, bienestar, dinero, poder, autoridad, dar placer a los sentidos… todo momentos que pasan y se esfuman, hoy son y mañana no.

Esto es lo que el mundo pregona y fomenta por doquier: infeliz aquel que no tiene, que no posee, que no desea más y más.

Es en medio de esa gran mentira de felicidad que todos venden y regalan, ante la miseria del hombre y su pecado, se presenta JESÚS y predica PALABRAS QUE LLEGAN no a la piel del hombre, sino DIRECTAS A SU CORAZÓN Y A SU ALMA.

Jesús habla con AUTORIDAD, sus palabras PERMANECEN y llenan al hombre de ESPERANZA y de FELICIDAD VERDADERA.

La Admonición 5 de San Francisco dice: “pues un solo demonio sabía de las cosas celestiales, y sabe ahora de las terrenas más que todos los hombres”. El diablo quiere la perdición del hombre y de la creación entera y mueve al mundo llenando al ser humano de vacío, tinieblas y desesperación.

Jesús, LA LUZ DEL MUNDO, es el único que tiene poder y autoridad para callar y expulsar al diablo en nuestras vidas y del mundo. Y Jesús, por su Palabra, a los que creen en El, les ha dado el poder para hacer todas estas cosas y aún mayores (Mc 16, 17-20; Jn 14, 12)

Porque Jesús está siempre y para siempre con nosotros (Mt 28, 18-20). Su infinito amor y misericordia no ha querido dejar sólo al hombre, y permanece, con AUTORIDAD, en medio de nosotros, para seguir sanando, amando, expulsando demonios y llenando al hombre de AMOR, de FELICIDAD, de VIDA ETERNA.

Cuando una persona siente que el diablo domina el mundo, cuanto le retuerce el pecado y la tentación, cuando el alma está tan encadenada por el pecado, la desidia, y dominada por el tentador, sólo la VOZ DE JESÚS puede liberar, puede sanar, puede dar vida y libertad al hombre y devolverle la esperanza de saberse plenamente y eternamente amado.

Jesús, no dejes de pronunciar tus palabras en nuestras almas. Sumérgenos en tu Corazón misericordioso y báñanos en tu preciosa Sangre.

María, llévanos de tu mano, ayúdanos a ver los pecados que llevamos en nuestro corazón y como Madre nuestra que eres, condúcenos de tu mano a realizar una verdadera y sincera confesión y a recibir el sacramento de la Confesión. Para así, con un corazón limpio, poder recibir a Jesús en la Eucaristía y a acudir a Él como la única fuente de Agua viva que sana y vivifica.

Jesús, lava y cura las heridas más profundas del hombre a través de tus llagas, de la sangre y el agua que brota de tu Corazón, y haz callar y enmudecer al diablo tentador, que nos tienta, que desea nuestra muerte y desesperación. Hazle callar con tu AUTORIDAD y suscita en el mundo apóstoles que crean en Ti, para que Tú sigas haciendo el bien a través de ellos. Danos TU ESPÍRITU y derrama sobre toda la Iglesia, sobre todos tus fieles, todos tus DONES, CARISMAS Y MINISTERIOS, para que tú sigas predicando, sanando, curando y expulsando todo mal de este mundo. Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>