El Nacimiento del Salvador

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Por la fuerza de los años, nos hemos acostumbrado a la imagen entrañable del portal de Belén y lo mismo nos sucede con la imagen de Jesús crucificado. Estamos acostumbrados a verlo y no nos produce rechazo ver la crueldad de su muerte en cruz.

En nuestros belenes nos esmeramos en colocar bien todas las figuras; la Virgen, San José, el niño, la mula el buey la paja, etc., muchas veces sin pararnos a pensar y meditar en lo que los personajes pudieron pasar. ¿Es acaso un buen sitio para nacer un niño, un establo sucio y mal oliente, excavado en la roca, en una noche fría de invierno? No ¿verdad?
Pues allí es donde en su divina providencia quiso el Padre que naciera su Hijo unigénito, en la más extrema pobreza material, una noche fría de invierno. Si bien el parto de la Virgen no fue un parto normal debido a que ella estaba preservada del pecado original y como tal no sufrió muchas de las consecuencias que por causa de este pecado sufre nuestra naturaleza caída ( “con dolor parirás a tus hijos” Gen 3,16, dijo Dios a Eva después de haber desobedecido, después de haber comido del fruto prohibido). Milagrosa fue la concepción del Hijo de Dios, milagroso fue también el parto, pero esto no quita que el Hijo de Dios Altísimo hecho niño sufriera en sus carnes el frío de aquella noche, sin más calor que el de sus padres, el de los animales, en aquella pobre cueva.

Así quiso Dios que fuera porque de esta forma se hacía cercano a todos los hombres, haciéndose Él pobre entre los pobres. El más pobre y abandonado de la sociedad no podía sentir vergüenza de acercase y encomendarse. Por eso los primeros en recibir la noticia de parte del ángel fueron unos pastores que estaban al raso cuidando su rebaño, ellos en esos momentos eran los últimos en la escala social.
Así hace las cosas nuestro Dios, escribe recto con reglones torcidos, así todo el mundo puede acercarse sin miedo, porque ya desde su primer día se hizo semejante a nosotros en todo menos en el pecado y pasó hambre, frío, desnudez, rechazo, etc.

Su primera venida fue en humildad y pobreza para conducir a los hombres al Padre por medio de su mansedumbre y humildad, sin la fuerza. No será así cuando venga en gloria y majestad, en su segunda venida. La primera vez pasó desapercibido para muchos, esta segunda vez todos conocerán y toda rodilla se doblará y toda lengua proclamará que Jesús es nuestro Señor y Dios y pondrá todo en su sitio, separará a los justos de los pecadores.
Ahora es el tiempo de la misericordia, luego será el de la justicia. Ya no habrá más oportunidades, porque habremos tenido tiempo de dejar claro cuál es nuestra postura ante Dios.

Aprovechemos hermanos este tiempo de gracia y misericordia para decidirnos por Dios y poner nuestros esfuerzos en amarlo.

A Jesús que es Dios y al Padre y al Espíritu Santo sean la gloria, el honor y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén .

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