A la derecha del Padre.

San Mateo describe de forma perfectísima el relato de Jesús sobre el Juicio de los hombres, nos muestra un Jesús que de forma reiterada los exhorta a la constante vigilancia, por la proximidad de la hora. Ya lo ha anunciado a través de la parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes fatuas, debemos estar preparados, tengamos en cuenta que solo en la tierra, en este peregrinar se da el aceite de las buenas obras y Dios nos llama fuera de la tierra para Juzgarnos, para ese momento debemos ser prudentes y debemos tener nuestro vaso a rebosar de aceite del bien obrar para brillar en el juicio. Jesús da la razón a la magnificencia del premio, son la buenas obras, la obras de caridad con el prójimo las que van a pesar en la balanza en el Juicio final, debemos llegar con las manos llenas de caridad, de actos de misericordia para con los demás: Jesús pone estas obras como vía de ejemplo, no porque ellas basten para alcanzar el cielo, pero ordinariamente no se producen si no hay AMOR a Dios y como acto consecuente al prójimo que son los fundamentos de la vida cristiana,  es la única recomendación que marcó Jesús para alcanzar la vida eterna, los mandamientos de la ley de Dios, el decálogo de buena convivencia del Dios del antiguo testamento queda resumido en la Caridad: “ amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. En el humilde concepto que suelen tener los buenos de si, se pasmará de la desproporción entre sus obras, en apariencia sencillas y la grandeza del premio. “entonces le responderán los justos diciendo Cuando(…)” y manifestando Jesús su pensamiento, que no es otro que el de la solidaridad indestructible que hay entre la caridad de Dios y la del prójimo, les hace ver el sumo valor que tienen las buenas obras, aunque sean hechas a favor del hermano desconocido por todos siempre por amor a Él. “En verdad os digo que siempre que lo hicisteis a un de estos mis hermanos pequeños a mi lo hicisteis”. La sentencia de los malos es tan terrible como dulce es la de los buenos, entonces dirá también a los que están a la izquierda: apartaos de mí. He aquí la pena de daño, la sentencia más gravosa para la persona que conoce a Dios, la privación de su compañía, de su visión y con ello de todo bien, porque no hay bien alguno fuera del sumo bien. Los maldice y como la palabra de Dios es eficaz, con la maldición de Cristo serán cargados los réprobos con todos los males y añade la pena de sentido: al fuego eterno. Dios no crea el fuego para los hombres, son estos que lo hacen suyo siguiendo el camino del que no obran con recta intención.

Paz y Bien.

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