“Y el Señor me dio hermanos”.

Francisco, fiel a la inspiración divina, empieza a poner en práctica la perfección evangélica. Sus palabras no eran palabras vacías sino que estaban llenas del Espíritu Santo. Así que todo aquel que las oía, quedaba profundamente impresionado.

Iba de un lado a otro anunciando la paz, predicaba la Salvación  y la Reconciliación de unos con otros. Así que poco a poco, impresionado por sus predicaciones y por su forma de vida, algunos hombres, empezaron a animarle y hacer penitencia, abandonaban todas las cosas y se unían a él adaptándose a su forma de vestir y su vida.

El primero en unirse a él fue Bernardo da Quintavalle, noble de Asís y muy rico. Decide renunciar al mundo y acude a Francisco para saber cómo llevan a cabo su intención. Juntos se dirigen a la Iglesia de San Nicolás, donde, después de hacer oración, abren por tres veces el Evangelio y Jesús mismo les dice: “ Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres’’, “No toméis nada para el camino´´ y “el que quiera venirse conmigo que cargue su cruz y me siga´´. Tal es, dijo el santo, nuestra vida y regla y la de todos aquellos que quieran unirse a nuestra compañía. Por tanto si quieres ser perfecto, vete y cumple lo que has oído.

Poco después se sintieron llamados otros cinco hermanos: Pedro Catanio, Gil de Asís, Sabbatino, Morico y Juan de Capella.

Francisco continuamente habla del reino de Dios, del desprecio del mundo, de la abnegación de la propia voluntad, y de la mortificación del cuerpo. Tenía un nuevo proyecto que era enviarlos por todo el mundo, para que fueran predicando la paz y la remisión de los pecados, y les dijo: “sed sufridos en la tribulación, vigilantes en la oración, fuertes en los trabajos, modestos en las palabras, graves en vuestro comportamiento y agradecidos en los beneficios; y sabed que por todo esto, os está reservado el Reino de los Cielos´´.

En aquellos días llegaron cuatro hermanos más: Felipe Longo, Juan de San Constanzo, Bárbaro, Bernardo de Vigibunzio y Angel Tancredi. Viendo que ya eran 12 decidió que era el mismo Papa el que debía aprobar esta forma de vida.

El Sumo Pontífice, viendo a Francisco su humildad, su pobreza, y obediente siempre al Santo Evangelio, se sintió inclinado a obedecer a lo que Francisco le pedía. Poco después el Señor le regaló el carisma femenino de su orden. Santa Clara, la primera y más fiel seguidora de Francisco; ¡cuánta gente quería vivir como lo hacía él!, con sencillez y su simplicidad, su pureza, su humildad y su testimonio. Parecía que a Jesús se le pudiera coger con las manos. Nos dio a conocer a unas hijas, esposos, madres y hermanos.

Por último, y no menos importante, cuántos matrimonios o solteros, querían seguirlo desde sus casas, Cannara fue el primer pueblo que oyendo lo que nuestro padre San Francisco les contaba, querían seguirle y pertenecer a su orden; y así nacieron los terciarios. Actualmente la orden franciscana está repartida por todo el mundo, haciendo el bien y ayudando a todo aquel que lo necesita. Ochocientos años después, Francisco sigue vivo esperando a que muchos jóvenes sigan sus huellas. San Francisco de Asís sigue caminando por estos caminos, como un don de Dios al mundo y a la Iglesia.

En alabanza de Cristo. Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>