Semejante a…

Semejante a… un hombre rey, que celebró las bodas de su hijo. Estas son las bodas regias, entre el esposo y su amada, entre Dios y su pueblo, la alianza prometida,  las verdaderas bodas divinas que son las que contrajo el verbo de Dios humanado con la santa madre Iglesia, qué dignidad la de los desposados. El esposo es el mismo hijo de Dios encarnado y hecho hombre,  una persona divina con dos naturalezas, la divina y la humana, persona que es la santidad esencial como Dios y que es la máxima santidad a la que puede llegar una criatura en cuanto es Hombre Dios. La esposa no tiene mancha ni arruga, el mismo Jesús la adquirió con su sangre, de precio infinito. Tálamo de estos divinos desposorios es el seno inmaculado de  María, madre de Jesús y madre de la misma santa Iglesia. Y el Padre que hizo y orquestó estas bodas, llama hace siglos y diariamente a todos los hombres y les dice: venid a las bodas. Es condición indispensable para vuestra felicidad y salvación ser participes de ellas, ellas son, no el símbolo sino el camino único y verdadero para llegar a las bodas definitivas y eternas del cielo. Qué sabiduría y que generosidad la de Dios prepararnos esta bodas inefables.

Pero ellos no quisieron venir, en su sentido más directo la frase se refiere a los judíos que rechazaron la predicación dado el contexto en el que  se ubica la narración pero las palabras de Jesús son palabras de vida eterna y extrapolables a cualquier situación, pero por qué no podemos quejarnos amargamente de que somos nosotros mismos los que no quieren ir, no quieren estar en el festín, están en él indiferentes, no gustan los divinos manjares que el Padre, la Iglesia les ofrece, viven como el que pudiera vivir uno que no perteneciera a la Santa Esposa del Hijo de Dios.

Mirad que he preparado mi banquete, este banquete es el opulentísimo banquete de la verdad Divina que Dios nos ha revelado y con todo esto solo la palabra de Dios en la que van envueltos estos manjares, es la que puede salvar nuestras almas, que quedarán saciadas, si antes no se sienta en este banquete de la verdad, que es el preludio y degustación intelectual del banquete eterno de la gloria. Justo en este momento viene el anuncio a los llamados a la mesa del Señor, Id pues a la salida de los caminos, en este sentido la invitación se refiere a las formas de vivir por ello se refiere al orden moral que cada uno vive. No debemos desesperarnos  ya que no hay condición ajena a la vida en Cristo porque ante Dios no hay aceptación de estados ni personas, ni vidas tan infeliz que no sienta el llamamiento de Dios, que ha querido que a muchos precedieran los publicanos y meretrices en el Reino de Dios.

Pace et bene.

Bernardo da Quintavalle.

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