El Espíritu de Asís

En el año 1986, el 27 de Octubre, el Beato Juan Pablo II, inició una Jornada Mundial de Oración en la ciudad de Asís.

La intención de lo que desde ese día llamamos el DÍA DEL ESPÍRITU DE ASÍS, no era “asistir a una conferencia interreligiosa sobre la paz”, como claramente lo explicaba el beato Juan Pablo II en su saludo a las delegaciones en la Basílica de Santa María de los Ángeles, sino de ORAR.

No veo mejor manera de poder conocer el sentido y significado de este acontecimiento que las palabras del mismo Juan Pablo II: “Por encima y más allá de tales medidas, necesitamos la oración; una oración intensa, humilde y confiada si queremos que nuestro mundo sea por fin un lugar de paz verdadera y estable. Por tanto, esta Jornada en un DÍA PARA LA ORACIÓN y para todo aquello que la oración comporta: SILENCIO, PEREGRINACIÓN Y AYUNO”.

LA ORACIÓN: “Supone por parte nuestra la conversión del corazón”.

EL AYUNO: “Absteniéndonos de alimentos nos hacemos más conscientes de la necesidad universal de penitencia y de transformación interior”.

LA PEREGRINACIÓN: “El hecho de que hayamos venido hasta Asís desde tan diversas regiones del mundo es en sí mismo un signo de este camino común que la  humanidad está llamada a recorrer. O aprendemos a caminar juntos en paz y armonía, o iremos a la deriva destruyéndonos a nosotros mismos y a los demás. Esperamos que esta peregrinación a Asís nos haya enseñado nuevamente a ser conscientes del origen común del común destino de la humanidad. Podemos ver en ello una prefiguración de lo que Dios quiere que sea el camino de la historia de la humanidad: UNA RUTA FRATERNA A TRAVÉS DE LA CUAL MARCHAMOS ACOMPAÑÁNDONOS LOS UNOS A LOS OTROS HACIA LA META TRASCENDENTE QUE ÉL NOS HA SEÑALADO”.

Llama la atención el gran paralelismo entre  el espíritu de las Jornadas de Oración por la paz y las palabras del Papa de la Virgen, este hombre que se había consagrado a Ella con un ¡TOTUS TUUS! que vivió sin reservas, con los mensajes de la Virgen María en Medjugorje:

“¡Paz, paz, paz! Reconcíliense entre ustedes. Si el mundo quiere ser salvado, tiene que buscar el camino de la paz; ahora todo el mundo va por el camino de la perdición” (25-06-81).

“La paz está en crisis; vuelvan a ser hermanos, conviértanse, aumenten sus oraciones y ayunos; el mundo no puede salvarse sin paz, pero el mundo encontrará la paz solamente si vuelve a Dios”.

“He venido a Medjugorje a traer la palabra PAZ y quiero que el Papa la lleve a todo el mundo”.

“Pongan la paz de Dios en su corazón; vívanla ustedes primero y luego difúndanla”.

“Queridos hijos, la paz no es posible sin la oración”.

“El mejor ayuno es el de pan y agua, si es posible, los Viernes. Sólo los enfermos están dispensados del ayuno”.

“El ayuno prácticamente ya no existe. Hay que renovarlo. La paz, la conversión, la sanación de los enfermos, cualquier gracia para el cuerpo y el alma, se pueden alcanzar con oración y ayuno”.

“Ustedes han olvidado que con la oración y el ayuno se puede alejar las guerras, y si éstas han empezado, hacer que cesen. Se puede hasta suspender las leyes naturales, es decir, hacer milagros” (26-6-81).

“La caridad no reemplaza el ayuno: aquellos que no pueden ayunar  sí pueden reemplazar el ayuno con la oración, la caridad y la confesión; pero todos, a excepción de los enfermos, deben ayunar”  (21-7-82).

“El ayuno del cuerpo es necesario, pero el ayuno todavía más necesario es el del pecado: renuncien a las pasiones y placeres ilícitos, renuncien al exceso de la televisión. La televisión los está destruyendo, por culpa de la televisión ustedes ya no saben orar.”

En un momento de crisis mundial, donde todo el mundo quiere alzar la voz para reivindicar sus derechos, un día como hoy nos recuerda que cada uno de nosotros tiene obligaciones ante Dios y ante el prójimo, y que está en nuestras manos el poder cambiar, el poder hacer un mundo mejor para todos.

Creo que sobran más comentarios y llega el tiempo de la reflexión. Nuestra madre, la Virgen María, y el Beato Juan Pablo II nos están marcando un camino, nos están enseñando la solución a tantos problemas, no solo de nuestra propia vida, sino del mundo entero.

Ahora debemos decidir si realmente queremos responder, al igual que lo hizo Francisco de Asís, Juan Pablo II y tantos santos, SIN RESERVAS!!!  Decidir si queremos ser hombres de oración, hombres de paz.

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