El Espíritu de Asís

En el año 1986, el 27 de Octubre, el Beato Juan Pablo II, inició una Jornada Mundial de Oración en la ciudad de Asís.

La intención de lo que desde ese día llamamos el DÍA DEL ESPÍRITU DE ASÍS, no era “asistir a una conferencia interreligiosa sobre la paz”, como claramente lo explicaba el beato Juan Pablo II en su saludo a las delegaciones en la Basílica de Santa María de los Ángeles, sino de ORAR.

No veo mejor manera de poder conocer el sentido y significado de este acontecimiento que las palabras del mismo Juan Pablo II: “Por encima y más allá de tales medidas, necesitamos la oración; una oración intensa, humilde y confiada si queremos que nuestro mundo sea por fin un lugar de paz verdadera y estable. Por tanto, esta Jornada en un DÍA PARA LA ORACIÓN y para todo aquello que la oración comporta: SILENCIO, PEREGRINACIÓN Y AYUNO”.

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Profesión de nuevos hermanos.

Ayer, día 16 de Octubre, en la Fraternidad de Inca, tuvimos la dicha de admitir a la Iniciación OFS a seis hermanos.

Una sencilla y emotiva ceremonia tuvo lugar después de la Misa en el Convento de los Hermanos TOR de Inca.

Que el Señor les guíe por el camino de la Fraternidad, tras los pasos de Francisco de Asís.

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo 29 del Tiempo Ordinario. “El Tributo”.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

En este pasaje, los fariseos envían unos discípulos suyos, junto con los herodianos; en ellos están representados los partidarios de la autoridad divina, los fariseos y los partidarios del poder civil del César, los herodianos.

Se quería poner a Jesús en un aprieto y conseguir inculparle tanto si se inclinaba por los fariseos como si se inclinaba por el César, para poder juzgarle y eliminarlo.

Pero Jesús que es la sabiduría de Dios, asistido por el Espíritu Santo conoce su auténtica intención y por eso les dice: “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. De esta manera los dos obtienen una respuesta que les obliga a más en sus vidas.

En Romanos 13, san Pablo siendo fiel a las palabras y autoridad de Jesús, nos ayuda con una aclaración: la autoridad civil, siempre que sea legítima y usada para el bien, está sirviendo a la autoridad de Dios, que es a la que toda criatura en el cielo y en la tierra debe obediencia.   Por eso es moralmente obligado contribuir con nuestro dinero y trabajo al bien común de la sociedad, de igual modo cualquier ley que vaya contra la ley de Dios, no debe ser obedecida, aunque ello nos acarree problemas con la autoridad civil, con la seguridad de que por nuestra fidelidad Dios estará a nuestro lado.

Las personas con poder, tienen mucha responsabilidad delante de Dios. Nosotros debemos rogar a Dios para tener buenos gobernantes, que aún sin saberlo ni pretenderlo estén a su servicio. Si lo pedimos con fe e insistencia Él lo hará porque desea que el mundo se rija por la justicia, la solidaridad, la defensa de la vida, etc…., valores todos según su corazón, que Él infunde en el corazón de los hombres si se lo pedimos.

Nosotros por nuestro pecado original, queremos decidir por nosotros mismos lo que está bien y lo que está mal y vivir en una anarquía completa, sin estar sometidos a la voluntad de Dios ni a la autoridad civil.   Las normas son necesarias para una buena convivencia.

San Francisco nos decía que las criaturas sirven, conocen y obedecen a su Señor mejor que nosotros.

Es necesario llevar una vida espiritual y estar en continua búsqueda de la voluntad de Dios. En Medjugorje se nos habla de cinco piedras para luchar contra nuestros “Goliats” particulares. Cinco piedras que con sencillez nos marcan el camino para la fidelidad a Dios y la buena convivencia entre los hombres, estas cinco piedras son:

  1. La oración del rosario con el corazón, donde contemplamos los misterios de la vida de Jesús.
  2. La participación, profundización y vivencia de la Eucaristía.
  3. La meditación asidua de la Biblia.
  4. El ayuno.
  5. La confesión mensual.

Sea siempre todo  para mayor gloria de Dios y en alabanza de Jesús y de María. Amén.

"La Virgen del Pilar".

El 12 de octubre, en España, siempre se había celebrado con mucha devoción una de las advocaciones de la Virgen más antiguas: La Virgen del Pilar. Pero, lo que mucha gente no sabe, es que la Madre de Dios, antes de aparecerse en Zaragoza, lo hizo en Granada. En esta zona de la actual España, existían comunidades judías que, la predicación de Santiago, incomodaba e incluso la consideraban lesiva y un ataque directo al judaismo y a Moisés. Sigue leyendo "La Virgen del Pilar".

“La Virgen del Pilar”.

El 12 de octubre, en España, siempre se había celebrado con mucha devoción una de las advocaciones de la Virgen más antiguas: La Virgen del Pilar. Pero, lo que mucha gente no sabe, es que la Madre de Dios, antes de aparecerse en Zaragoza, lo hizo en Granada. En esta zona de la actual España, existían comunidades judías que, la predicación de Santiago, incomodaba e incluso la consideraban lesiva y un ataque directo al judaismo y a Moisés. Sigue leyendo “La Virgen del Pilar”.

Semejante a…

Semejante a… un hombre rey, que celebró las bodas de su hijo. Estas son las bodas regias, entre el esposo y su amada, entre Dios y su pueblo, la alianza prometida,  las verdaderas bodas divinas que son las que contrajo el verbo de Dios humanado con la santa madre Iglesia, qué dignidad la de los desposados. El esposo es el mismo hijo de Dios encarnado y hecho hombre,  una persona divina con dos naturalezas, la divina y la humana, persona que es la santidad esencial como Dios y que es la máxima santidad a la que puede llegar una criatura en cuanto es Hombre Dios. La esposa no tiene mancha ni arruga, el mismo Jesús la adquirió con su sangre, de precio infinito. Tálamo de estos divinos desposorios es el seno inmaculado de  María, madre de Jesús y madre de la misma santa Iglesia. Y el Padre que hizo y orquestó estas bodas, llama hace siglos y diariamente a todos los hombres y les dice: venid a las bodas. Es condición indispensable para vuestra felicidad y salvación ser participes de ellas, ellas son, no el símbolo sino el camino único y verdadero para llegar a las bodas definitivas y eternas del cielo. Qué sabiduría y que generosidad la de Dios prepararnos esta bodas inefables.

Pero ellos no quisieron venir, en su sentido más directo la frase se refiere a los judíos que rechazaron la predicación dado el contexto en el que  se ubica la narración pero las palabras de Jesús son palabras de vida eterna y extrapolables a cualquier situación, pero por qué no podemos quejarnos amargamente de que somos nosotros mismos los que no quieren ir, no quieren estar en el festín, están en él indiferentes, no gustan los divinos manjares que el Padre, la Iglesia les ofrece, viven como el que pudiera vivir uno que no perteneciera a la Santa Esposa del Hijo de Dios.

Mirad que he preparado mi banquete, este banquete es el opulentísimo banquete de la verdad Divina que Dios nos ha revelado y con todo esto solo la palabra de Dios en la que van envueltos estos manjares, es la que puede salvar nuestras almas, que quedarán saciadas, si antes no se sienta en este banquete de la verdad, que es el preludio y degustación intelectual del banquete eterno de la gloria. Justo en este momento viene el anuncio a los llamados a la mesa del Señor, Id pues a la salida de los caminos, en este sentido la invitación se refiere a las formas de vivir por ello se refiere al orden moral que cada uno vive. No debemos desesperarnos  ya que no hay condición ajena a la vida en Cristo porque ante Dios no hay aceptación de estados ni personas, ni vidas tan infeliz que no sienta el llamamiento de Dios, que ha querido que a muchos precedieran los publicanos y meretrices en el Reino de Dios.

Pace et bene.

Bernardo da Quintavalle.

Se le abrieron las puertas del cielo.

Era el atardecer del tres de octubre de 1226. Los últimos rayos de oro cubrían de nostalgia y aires de eternidad los picos más altos de los Apeninos. La tierra había entregado su cosecha dorada y presentaba el rostro de satisfacción de quien ha cumplido su misión.

Inesperadamente, el agonizante abrió los ojos, hizo ademán de incorporarse, diciendo: ¡ya llega, ya llega! Había en su voz y en su expresión algo de ansiedad, mucho de alegría y mucha sensación de alivio de quien va a ser liberado de la cárcel. Los hermanos lo miraron expectante. El agonizante se hundió de nuevo en su lecho y quedo en silencio, respirando con dificultad. A los pocos minutos abrió de nuevo los ojos y esta vez sin ninguna ansiedad y sin moverse, dijo: ¡ya ha llegado! Con voz debilísima añadió:

-Hermanos, ayudadme a incorporarme.

Los cuatro veteranos lo tomaron con gran veneración y lo sentaron en el lecho mortuorio.

Extendió lo brazos y, mirando hacia la puerta de la choza, dijo con voz apagada:

“Bien venida seas hermana mía, muerte” no sé porque todo el mundo te teme tanto, amable hermana. Eres la hermana libertadora llena de piedad. ¡qué seria sin ti de los desesperados, de los sumidos en la cárcel de la tristeza? Nos libras de este cuerpo de pecado, de tantos peligros de perdición. Nos cierras las puertas de la vida y nos abres las puertas de la vida.

Luego, dirigiéndose a los presentes, les dijo:

-Caballeros de mi Señor, si en el transcurso de nuestra breve vida hemos rendido cortesía caballeresca a nuestra señora pobreza, es correcto que lo hagamos ahora con la señora hermana muerte que acaba de llegar para librarme de la cárcel del cuerpo y llevarme al paraíso inmortal.

E improvisó una liturgia caballeresca. Mandó al medico que se plantara en la puerta de la choza y que, como introductor de embajadores, anunciara solemne y gozosamente la llegada de la ilustre visitante.

Pidió a los hermanos que lo colocaran en el suelo. Por última vez los cuatro leales veteranos lo tomaron con infinita reverencia  y lo colocaron en la tierra sobre una piel de oveja. En el hermano mandó que, en honor de la hermana muerte, derramaran polvo y ceniza sobre su cuerpo. Así lo hicieron.

Pocos minutos después el moribundo empezó a rezar el salmo con mi voz clame al Señor. Los hermanos lo continuaron.

El hermano tenia cuarenta y cinco años. En veinte años escasos había consumado esta singular historia del espíritu, en el bosque y en la cabaña, los hermanos seguían cantando fervorosamente el cántico del hermano sol.

El hermano yacía en el suelo. Ya no se movió más. Todo estaba consumado.

En este momento se formó espontáneamente, sin ningún plan premeditado, un cortejo triunfal que acompañaría al Pobre de Dios hasta el umbral del paraíso.

Abrían la marcha los Ángeles, arcángeles, querubines, serafines, principados y potestades. Ocupaban el firmamento de un extremo a otro y cantaban: hosanna al altísimo y a su siervo Francisco.

Luego venían los jabalíes, lobos, zorros, chacales, perros, pumas, bueyes, corderos, caballos, leopardos, bisontes, osos, asnos, leones, paquidermos, antílopes, rinocerontes. Todos ellos abuzaban en orden compacto. No se amenazaban ni se atacaban unos a otros. Al contrario, parecía viejos amigos.

Detrás volaban los murciélagos, mariposas, abejas, cóndores, colibríes, alondras, moscardones, golondrinas, grullas, zorzales, pinzones, perdices, gorriones, ruiseñores, mirlos, gallos, gallinas, patos. Había tanta armonía entre ellos como si toda la vida hubieran convivido en el mismo corral en la mejor camaradería.

Mas tarde llegarían los caimanes, los delfines, los hipopótamos, los peces espada, las ballenas, los pejerreyes, dorados, peces voladores, truchas. Era admirable: los peces grandes no se comían a los peces chicos. Parecían hermanos de una misma familia. Finalmente cerraban el cortejo las cobras, anacondas, víboras, boas, lagartos, lagartijas, dinosaurios, plectosaurios, y serpientes de cascabel.

Mientras en el bosque de la porciúncula no cesaba de resonar el cántico del hermano sol, todos estos hermanos cantaban, gritaban, piaban, graznan, rebuznaban, silbaban, bramaban, aullaban, ladraban, rugían, balaban, mugían. Desde el principio del mundo no se había escuchado semejante concierto. Todas las criaturas, según su naturaleza, cantaban aleluyas a su amigo y hermano Francisco. Y Francisco y las criaturas alababan al unísono, al altísimo creador.

Detrás de esta escolta triunfal, el hermano de Asís, sentado sobre un burrito, se despegó de la tierra y empezó a cruzar los cielos. Se había abierto la puerta grande del paraíso como en las grandes solemnidades. Desde el día de la ascensión, no se había abierto esa puerta.

El pobre de Dios arrastraba consigo a toda la creación al paraíso.

Había reconciliado la tierra con el cielo, la materia con el espíritu. Era una llama desprendida del leño. Era la piedad de Dios que retornaba a casa.

Lentamente, muy lentamente, el hermano fue internándose en las orbitas siderales. Fue alejándose como un meteoro azul hasta que se perdió en las profundidades de la eternidad.