El Perdón

La lectura del evangelio de este domingo es una muestra del amor de Dios y de cómo hemos de vivir y predicar con el ejemplo, dando un testimonio de verdadera vivencia en Cristo y su mensaje, dado que únicamente desde la profundidad del encuentro con Cristo es posible perdonar de corazón.

La escena de la denuncia del deudor cruel y su castigo pasó ante los ojos de los consiervos “y viendo los otros siervos, sus compañeros, lo que pasaba se estremecieron mucho” de la inhumanidad con que el siervo perdonado vejaba por una insignificancia al otro. Por ello le denunciaron al señor, explicándole minuciosamente lo ocurrido “y fueron a contar a su señor todo lo que había pasado. Entonces le llamó su señor y le dijo” contraponiendo en conceptos cerrados su propia conducta a la indigna del deudor cruel “Siervo malo, toda la deuda te perdoné, porque me lo rogaste “reprueba su maldad, le recuerda el beneficio recibido y la razón de concedérselo, que fue su ruego. A igual plegaria y remisión de deuda mucho menor debía seguir un comportamiento análogo “pues no debías tu también tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?” ante tanta crueldad y sinrazón el señor depone todo sentimiento de misericordia y le condena al durísimo castigo “y enojado el señor, entregándole a los atormentadores” no solo le encerró en el ergástulo sino que quiso que le atormentaran los verdugos, con azotes atado de pies y manos, como era costumbre entre los romanos hasta que pagase todo lo que debía, es decir, perpetuamente porque en aquellas condiciones ni él ni sus amigos podían pagar la enorme deuda.

Termina Jesús su parábola con una frase formidable en la que se encierra toda su lección espiritual “del mismo modo hará también con vosotros mi Padre celestial” no que deban revivir nuestras culpas ya perdonadas, sino en cuanto debemos perdonar siempre las pequeñas deudas que con nosotros tienen los prójimos para que tenga Dios misericordia de nuestros grandes crímenes. Y esto debemos hacerlo de corazón, arrancando de raíz todo odio y deseo de desagravio, y haciendo que sea sólida y no fingida la paz con el prójimo, desarraigando de nuestra alma toda semilla de resquemor que pudiese germinar de nuevo y alterar la solidez de la paz y de la caridad.

Pax et Bonum.

Bernando da Quintavalle.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>