ALTER CHRISTUS

Hoy los franciscanos estamos de fiesta. De fiesta porque hoy, 14 de Septiembre, celebramos, junto a toda la Iglesia, la Exaltación de la Santa Cruz. Cristo dijo “cuando sea elevado sobre la tierra ATRAERÉ A TODOS HACIA MÍ” (Jn 12, 32). Y celebramos ese amor Incondicional, Eterno y Misericordioso, que nos ha atraído y nos atrae irresistiblemente hacia El.

Y estamos de fiesta, porque Francisco fue seducido y se dejó seducir. Fue amado y se dio al Amor, sin reservas. El se humilló y Dios lo enalteció, y se identifico plenamente con Cristo.

787 años han pasado desde ese bendito día en que Francisco fue configurado con Cristo: CRISTO EN FRANCISCO Y FRANCISCO EN CRISTO.

Él, que quiso vivir “a la letra, a la letra, a la letra. Sin glosa, sin glosa, sin glosa” ( LP 17 ) el Evangelio y seguir a Jesucristo, hasta las últimas consecuencias y sin reservarse nada para si; es incendiado de amor, sufriendo un martirio espiritual, uniéndose como nunca antes había ocurrido, como uno solo a Cristo, “vivo yo, más no soy yo, es Cristo quien vive en mi” (GáL. 2, 20)

Citando palabras de S. S. el Papa Benedicto XVI: “El santo es aquel que está fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humildad y desinteresado del prójimo”.

Estas palabras de S. S. Benedicto XVI pueden aplicarse para describir la vida de, quien es para mí, el mayor santo de la historia de la Iglesia.

Nosotros, como franciscanos, hemos sido engendrados en este amor Eterno entre el Serafín y Francisco de Asís.

Podemos decir que nacemos de una UNIÓN PERFECTA DE AMOR, entre la Trinidad y el Poverello.

Privilegiados por tener como Madre, Patrona y Protectora de la Orden a María Santísima, y a Francisco de Asís como padre espiritual, guía, maestro, amigo y poderoso intercesor.

Siendo hijos de tal padre y madre, estando llamados todos a la santidad, en este gran día, como cristiana y como franciscana, tengo el deber de hincar mis rodillas ante Cristo crucificado, a los pies de la Cruz. Teniendo como testigos a María y Francisco, y con profundo agradecimiento a tal INCENDIO DE AMOR, hacer examen de conciencia de si realmente correspondo a amor tan Inmenso. Si realmente estoy “fascinada por la belleza de Dios y por su perfecta verdad”, si realmente “esta verdad me va progresivamente transformando” o mejor, si realmente me dejo transformar por este amor. Si “por esta belleza y verdad” estoy dispuesta a “renunciar a todo, también a mi misma”. Si es suficiente para mi “el amor de Dios” y si transmito este amor en el servicio “humilde y desinteresado al prójimo”.

Bendito seas Señor, Dios del Universo, por María y Francisco. Bendito seas, Señor y Redentor nuestro, por tu Amor, manifestado en la explosión de amor sublime en Francisco de Asís, dejando su cuerpo marcado, sellado con las marcas de tu Infinito Amor Misericordioso.

Bendita seas, oh Divina Misericordia, por dejarme tu corazón abierto en Francisco de Asís.

Y a ti, Francisco, te pido que nos sumerjas en tu corazón, para así llevarnos al Corazón de Jesús. Que nos bañes con la bendita sangre que mana de tu costado para, que purificados, nos introduzcas en el Corazón Misericordioso de Cristo.

Sigue mostrándonos el camino hacia la identificación con nuestro Señor. Sigue, pacientemente, cogiendo de la mano de tus hijos, junto a María, para llevarnos, enseñarnos y guiarnos hasta la unión  perfecta con Cristo.

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