18 de junio de 1961: Aparición del Arcángel San Miguel en Garabandal.

Era una apacible tarde del 18 de Junio de 1961. Lugar: San Sebastián de Garabandal, Cantabria, cuando a las 8:30 a 4 niñas del pueblecito, se les apareció el Ángel, pero, hasta el día 2 de julio, Conchita no dirá que el nombre del Ángel es San Miguel. El Ángel venía a preparar a las niñas para un acontecimiento sin igual: “Anunciar la venida de la Virgen”, hecho que no les comunicó hasta el día 10 de julio, sábado, añadiéndoles que lo haría bajo la advocación de la Virgen del Carmen. Este acontecimiento tan sólo sería el inicio de “la estancia más larga de la Virgen sobre la tierra” después de su vida histórica. ( Así lo dirá el Papa Pablo VI, en una Audiencia a unos sacerdotes jesuitas ). Sigue leyendo 18 de junio de 1961: Aparición del Arcángel San Miguel en Garabandal.

Mirarán al que traspasaron

Hoy, día de PENTECOSTÉS,  día de gran fiesta para todos los cristianos, os invito a un momento de recogimiento y oración personal.

Cerrando los ojos y los sentidos todos puestos en presencia de Dios, situémonos, de rodillas y con un corazón humilde y puro, ante la Cruz de Jesús. Allí estamos con María, con San Juan, María Magdalena y Francisco de Asís. Los cuatro arrodillados ante la Cruz de nuestro Señor, bajo sus pies. Nuestra mirada puesta en Él; todo nuestro cuerpo y nuestra alma en adoración.

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La Ascensión.

“… fue elevado, y una nube lo oculto a sus ojos “.

Qué decir de tan bello relato, que no relato, sino verdadera enverbación y, por tanto, Palabra encarnada.

Nos fijaremos, para apartarnos de la exégesis clásicas y más ortodoxas, en la despedida de Jesús y en la mirada penetrante que dejó impresa en los corazones de los presentes.

Jesús los mira con ternura, con amor y transmitiendo todo el “misterion-Reino” que gracias a Su Resurrección, la creación entera empezaba a vivir como verdadera peregrinación a la Tierra Prometida, es decir, Jesucristo.

Esta creación, que gracias a la Iglesia y sus Sacramentos, recibe en cada uno de ellos la Vida Eterna.

Pero, volviendo a la contemplación. a la mirada de Jesús hacia Su Iglesia, vamos a desentrañar los misterios intrínsecos que encierra la misma.

Es un instante intenso  que se presume eterno, que parece que el tiempo no transcurre y que, los discípulos, quieren  Retener y Acaparar para su corazón. Pero no olvidemos que este tiempo es, como dice san Juan, un tiempo “Kronos”, es decir, un tiempo mundano, finito y exiguo.

Existe un tiempo “Kairos” que lleva toda la Transfinalización, todo el “Concurso Creativo continuo”; en el cual, cada acto, cada suceso, cada Mirada, cada palabra, cada caricia, cada brisa,  forma parte del todo – todo holístico según los griegos- en el cual la tesela no es más que una parte del Mosaico que es esta Vida en -desde- con Dios. A este tiempo “Kairos” san Juan le asigna un AMOR-ÁGAPE. Este Amor que nace en el costado de Cristo en la cruz, que baña a “Longinos” cuando le traspasa el costado, es el Amor que lo convirtió a él y que convierte El Pan y el Vino, para transustanciarlos en verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo, por medio de la “epiklesis”.

En la Sangre de Cristo, tal y como sucedió en el Calvario, cuando Longinos traspasó su costado, hubo “Efusión” de Sangre y Agua=Consagración-Sangre y Bautismo-Agua.

El vino-sangre se miscela con el agua-espíritu-asamblea ( Iglesia entera ), como dice una  de las exégesis del agua en la que se explica que, el agua,  simboliza la “asamblea de cristianos” incorporados al vino y, Ambos, se Transustancializan en verdadero “Cuerpo y Sangre” de Cristo.

A partir de aquí, la mirada efímera y temporal de los hombres, se sustituye con esta Mirada de Vida Eterna, que, como designa el término “Kava”, en hebreo, transmite todo lo que uno contiene en el corazón. Aquí Jesús, transmite a Su Iglesia – todos nosotros – la Fe, la Esperanza y el Amor, pero, de forma especial, la sangre del cristiano: El Amor-Ágape. Esta mirada humana “Transustanciada” en una “MIRADA-AMOR” y encarnada  en cada uno de los momentos de nuestra existencia, de nuestra vida, se convertirá en un  verdadero signo trascendente, imperecedero y verdadera anticipación de la vida eterna.

Esta mirada es la Mirada que Jesús dirige a Su Madre, la mirada  de Jesús a  María Magdalena y, cómo no,  la de san Francisco a  santa Clara. Ahora, nosotros,  deberemos preguntar a María, madre de Dios, a María Magdalena y a santa Clara cómo hicieron ellos para devolvérsela a Jesús, cómo Responder, sin reservas, y cómo ser generosos y, a la vez, desprendidos en nuestra Respuesta-mirada.

Sentémonos en el Monte de los Olivos y contemplemos la Mirada de Jesús para poder extraer, de ella, toda la fuerza transcendente y Salvadora de ella y ser verdaderos signos como verdaderos discípulos actuales de los  Apóstoles.

Leone. O F S.