MARÍA EN EL CENTRO DE LA TRINIDAD

El otro día me pidieron que hiciera una meditación sobre la virgen María, precisamente estoy leyendo un libro de Pedro Beteta que se titula María en el centro de la trinidad divina. Es una entrevista que mantiene este escritor con el ahora Beato Juan Pablo II.

Habla de la virgen en todas sus facetas, divide el libro en cuatro puntos importantes: hija predilecta de Dios padre, madre de Dios hijo, esposa de Dios Espíritu Santo.

Un punto casi al principio del libro, se titula, María es la mujer ideal. Beteta pregunta al Santo Padre si alguien se ha atrevido alguna vez a imaginarse como sería la Virgen. Voy a transcribir como lo explica el Papa ya que creo que es la persona perfecta por su alto nivel espiritual y pienso que verdadero conocimiento de nuestra madre del cielo.

San Ambrosio la define así” ella era Virgen no sólo en el cuerpo, sino también en el alma, exenta totalmente de cualquier engaño que manchase la sinceridad del espíritu, humilde de corazón, grave en su lenguaje, prudente en su pensamiento, parca en palabras…Ponía su esperanza no en la incertidumbre de las riquezas ,sino en la oración del pobre. Era siempre laboriosa, reservada en sus conversaciones, habituada a buscar a Dios…como juez de su conciencia. A nadie ofendía, quería bien a todos, huía de la ostentación, seguía la razón, amaba la virtud…tal es la imagen de la virginidad. Tan perfecta fue María que sólo su vida es norma para todos.”

Sigue diciendo el Santo padre” María es la única persona humana que realiza de manera eminente el proyecto de amor divino para la humanidad.

En María, Dios suscito una personalidad femenina que supera en gran medida la condición ordinaria de la mujer, tal como se observa en la creación de Eva. La excelencia única de María en el mundo de la gracia y su perfección son fruto de la particular benevolencia divina, que quiere elevar a todos, hombres y mujeres a la perfección moral y a la santidad propias de los hijos adoptivos de Dios. María es la bendita entre todas las mujeres”. “El don singular que Dios hizo a la Madre del Señor no sólo testimonia lo que podríamos llamar el respeto de Dios por la mujer: también manifiesta los designios divinos por su papel insustituible en la historia de la humanidad.

En María todos estamos llamados a tener confianza total en la omnipotencia divina, que transforma los corazones, guiándolos hacia una disponibilidad plena a su providencial proyecto de amor”.

PAZ Y BIEN
Clara de Asís.

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