5º Domingo de Cuaresma: Juan 11, 1-45


La conclusión más clara, bajo mi forma de ver las cosas, una vez leído y meditado el Evangelio de esta semana no debe ser otra que la idea de plantearnos cual es el objetivo o la finalidad de Jesús con los distintos milagros que va realizando en su etapa de vida pública, la respuesta es evidentemente meridiana: confirmar la verdad de su palabra especialmente ratificar su presentación como Hijo de Dios y de “Mesías”. Las distintas señas de identidad como Salvador no prueban directamente su divinidad, tantos otros han hecho milagros si no iguales similares o de la misma índole, con esta afirmación no cometo ninguna apostasía  dado que el propio Jesús lo anuncia y promete: “Quien cree en mí hará las obras que yo hago y mayores que éstas” con ello queda demostrado que no somos más que instrumentos de Dios. Lo que conllevan intrínsecamente la verdad de su testimonio y este no es otro que Jesús es Hijo y Enviado del Padre.

En el Evangelio podemos comprobar como Jesús alega sus milagros como prueba perentoria de su cometido: ¿hasta cuando tendrás en vilo nuestro espíritu?, le preguntan los fariseos: si tú eres el Cristo dínoslo abiertamente, y Jesús responde abiertamente: “Os lo digo y no me creéis.  Las obras que hago yo en nombre del Padre, éstas dan testimonio de mí.” En el texto que nos ocupa, Jesús declara que ha obrado el milagro “para que crean ellos que eres tú PADRE el que me ha enviado”.

Esta relación entre los milagros y la divina misión de Jesús la señala Nicodemo cuando visita de noche a Jesús: “Nadie puede hacer los milagros que tu haces si Dios no estuviese con él”, lo deja patente también el ciego de la piscina de Siloé “si no viniese de Dios este hombre no podría hacer cosa alguna”, las mismas turbas al ver resucitado al hijo de Naím, exclaman: “un gran profeta ha surgido en medio de nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo”.

Dentro de esta finalidad general de los milagros de Jesús, cabe admitirlos como prueba secundaria. Para demostrar Jesús que tiene poder para perdonar pecados, cura a un paralítico, para que sepa que ha venido para echar del mundo a Satanás, empieza por echarlo de los cuerpos de los hombres, multiplica los panes porque Él es el pan de vida eterna.

Que el Señor nos Bendiga.

Bernardo da Quintavalle. O.F.S

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>