Beato Juan Pablo II.

Me alegré mucho cuando supe que Juan Pablo II será beatificado el próximo 1 de Mayo. Su papado empezó cuando yo ni había nacido, pero debo decir también que ni en mi infancia ni en mi adolescencia apenas me fije en él, por mucho que siendo el Papa le guardaba respeto y admiración. Fue cuando empecé a darme cuenta de que abrazaba la Cruz, y vi que, a pesar de sus enfermedades y sus evidentes complicaciones para el ejercicio diario de su pontificado, él seguía adelante, no abandonaba, sino que ponía todavía más empeño. Me han dicho a veces que fue un antitestimonio. Yo creo que dio más testimonio que nunca, y que quien vea lo contrario o no se fija bien, o no puede entender que una persona, por amor a Cristo y a su Iglesia, no se vaya a casa a descansar, habida cuenta del panorama patológico. Lo difícil es quedarte, seguir, esforzarte, no abandonar cuando el cuerpo te dice basta. Pero se trata de eso. En la vida de un cristiano, se trata de hacer lo que te pide Dios, no lo que te pide el cuerpo o te piden los demás. Recientemente he leído el libro “Por qué es santo”, escrito por el postulador, D. Slawomir Oder. En dicho libro ves que Juan Pablo II era: Una persona que aprendió a sufrir: guerra, ocupación nazi, seminario clandestino, muertes de familiares, régimen comunista, trabajos duros… Una persona que, ante todo, hacía oración, mucha oración. Una persona que hacía penitencia: se mortificaba, ayunaba, se procuraba privaciones… Una persona que vivía la austeridad. Una persona que era generosa con los pobres, aun a costa de darles algo que a él le acababan de regalar, o de tener que pasar él mismo frío, por citar un ejemplo. Lo de menos es cada una de estas cosas por separado. Lo importante, lo que de verdad importa, es que amaba a Jesús, y hacía todo esto por Él. Así, en consecuencia, daba frutos, y los demás veían en él algo distinto, algo nuevo, algo que llevaba a Dios, y a Dios llevó a mucha gente, ya desde sacerdote, incluso antes. Por eso, y a pesar de lo que digan muchos, me alegro, y doy Gracias a Dios por un testigo así, porque mirando su vida podemos buscar cómo ser santos. Pace Bene.

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