19 de Diciembre de 2.010. 4º Domingo de Adviento.

LA VIRGEN QUEDÓ EMBARAZADA POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO.

Posiblemente cuando María regresa de casa de su prima Isabel, habiendo transcurrido más de tres meses de la Encarnación del Verbo en su seno, ya son más que visibles las señas externas de su maternidad. Llega María a Nazaret, donde vive José, su esposo, este puede percibir con natural congoja los cambios sustanciales sufridos en María, para Él, el hecho es inexplicable, no sabiendo conciliar lo que parecía una falta, que la ley castiga severamente, con la virtud que claramente resplandecía en su esposa, tanto en sus palabras como en su conducta, virtud que nunca había dejado de admirar.

 

Conforme se revela el Misterio de la maternidad de María también este misterio se despierta en la conciencia de José, que siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió abandonarla en secreto como dice el Evangelio de Mateo. Y es precisamente cuando José, esposo de María y ya su esposo ante la Ley recibe su Anunciación personal.  Oye durante la noche las palabras que cambian el curso de la historia personal de José, palabras que son explicación y al mismo tiempo invitación de parte de Dios a que no temas recibir en tu casa a María. A la vez Dios confía a José aquel misterio, cuyo cumplimiento habían esperado desde muchas generaciones la estirpe de David y toda la casa de Israel, y al mismo tiempo le confía todo aquello de lo que depende la realización de este misterio en la historia del pueblo de Dios, en la historia de nuestra conversión.

 

Desde el momento en que estas palabras llegaron a su conciencia, José se convierte en el hombre de la elección Divina, hombre de una particular confianza. José entra a formar parte de la historia de la Salvación con la sencillez y la humildad, en las que se manifiesta la profundidad espiritual del hombre, y él lo llena completamente con su vida. Al despertar José de su sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado. En estas palabras se encierra la decisión trascendental en la vida de José y la plena característica de su santidad. José es hombre de acción y de trabajo.

 

Dios permite que las dudas y las tentaciones sobrevuelen a José para que éste a través de la purificación abra las puertas de su corazón a Dios como dirá San Francisco varios siglos después: “y con voz sonora canta el santo evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice «el Niño de Bethleem», y, pronunciando «Bethleem» como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba «niño de Bethleem» o «Jesús», se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras”. 

Pace et Bene.

Bernardo da Quintavalle.OFS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>