Vida Consagrada

Y,  al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. “¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?”.
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia”.
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

En el Evangelio de hoy vemos una concreción de la Vida Consagrada, en la cual no importa de dónde vienes, qué educación has recibido, tu forma de ser… y en la que lo esencial es reflejar la Vida misma de Cristo. En efecto, Jesús hacía la Obra del Padre, y eso traslucía al exterior algo nuevo, distinto, desconocido. Desconcertaban sus palabras, porque no eran las propias del hijo de un carpintero, sino más bien de un rabino, un Maestro de Israel.

Es a lo que se nos llama en la Vida Consagrada: seguir las huellas de Cristo, Pobre y Crucificado, de modo que no seamos ya Pepe o Juan, sino reflejo de Cristo, alumbrando el Mundo con el Espíritu.

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